El blog del salmón cumple 4 años

4 años de salmon en las redes.jpg

Cuatro años nadando por las redes son bastantes para un salmón, incluso para el más avezado.

Lejos de las metáforas con osos, focas y gaviotas, no puedo con menos que daros las gracias por acompañarnos en esta aventura, pero, sobre todo, quiero daros las gracias por participar en los retos de esta semana.

Ahora, el salmón y yo, tenemos una enorme lista de lectura por delante y nos encanta.

Además estoy segura de que más de uno ha encontrado sugerencias interesantes que aprovechará al máximo.

¡Qué bonitos son los regalos que sirven para muchas personas al mismo tiempo y no cuestan dinero!

Y como dicen que de bien nacidos es ser agradecidos, aparte de haber remozado la imagen del blog, os quiero hacer mis propias recomendaciones:

Relato: Instrucciones para subir una escalera, Julio Cortázar.

Clásico: La hija de Robert Poste, Stella Gibbons.

Una vez más: GRACIAS, gracias de todo corazón y toda aleta.

Esperamos seguir remontando a vuestro lado, por lo menos, otro año más y, para los más despistados, os dejo los enlaces de los diferentes ríos por los que navegamos.

Twitter e Instagram como @desdichasalmon

Facebook Fan Page: La desdicha de ser salmón y Perfil :Aurora Losa Escritora

Pinterest

Y pronto también nos veremos en el canal de Youtube.

LA DESDICHADA DETRÁS DEL SALMÓN: AURORA LOSA

Después de tres años y pico escondida a medias detrás del salmón desdichado, me ha tocado dar un paso al frente, salir de la librería Billy de IKEA y presentarme en sociedad.

Este vídeo forma parte de las #entrevistas diferentes propuestas por Tricia Ross, a través de las cuales los internautas planteáis preguntas a los autores.

Una experiencia muy divertida e interesante.

A mí me ha encantado conocer a otras compañeras. Y, sobre todo, descubrir un poco más de mí con vuestras preguntas.

La iniciativa sigue abierta.

Estad atentos a las redes de Tricia para plantear vuestras dudas a los próximos invitados.

Conociendo a… Aurora Losa

¿Cómo celebrar el cumpleaños de un salmón? (Y no morir en el intento)

semana del salmon 2018

Se acerca el 28 de abril y me encuentro con el problema de todos los años. ¿Cómo se celebra el cumpleaños de un salmón? ¿Qué tipo de fiesta es apropiada? ¿A quién invitas? ¿Y la decoración?

Habéis de saber que los tradicionales refrescos con gusanitos no son muy útiles para los aniversarios piscícolas. Bueno, puede que los gusanitos sí, pero, después de años de contacto con pescadores, los salmones son un poco especiales con eso de echarse a la boca los gusanos que se encuentran.

Con el tema de los invitados aparece otro problema. Si tu salmón tiene amigos por todo el mundo, reunirlos en un mismo sitio se complica y, por mucho que haya avanzado esto de Internet, todavía no permite el envío de trozos de tarta por fibra óptica.

Después de cuatro años debería haber aprendido, pero cada año se hace más difícil sorprender a este dichoso salmón y, sobre todo, mantener el secreto.

¡Anda que no es preguntón!

«¿Qué me vas a regalar? ¿Vas a hacer una fiesta sorpresa? ¿Y el reto de Twitter? Habrá que subir fotos chulas a Instagram.»

Consejo: si ya os parece exigente pasear al perro varias veces al día, no adoptéis un salmón. Es, de lejos, mucho más complicado.

Así que, al final, he organizado una semana entera de actividades.

¿Queréis participar?

Del martes 24 al viernes 27 de abril os lanzo los retos: #recomiendarelato y #recomiendaclasico

Con ellos podéis regalarle al salmón ideas para que siga (sigamos) descubriendo literatura.

Nada como compartir gustos entre amigos, y más si coincide con las celebraciones del Día del Libro.

Podéis publicarlo en Twitter o subir una foto a Instagram con uno de los hashtags propuestos, o mencionando a @desdichasalmon.

También podéis visitar la página de Facebook La desdicha de ser salmón y dejarlo como comentario.

Por nuestra parte habrá publicaciones especiales toda la semana.

¿Os animáis?

DE CÓMO UN SALMÓN ME SALVÓ LA VIDA

Frente a las aguas tranquilas del río, día tras día, veía el salmón a aquella niña sentada sobre una roca y mirando el brillo del sol que se reflejaba en la corriente; ahora sí, ahora no. Nada tenía que ver con los chavales que agitaban el aire con sus gritos y chapoteos en las tardes de verano, ni tampoco con el alboroto que los perseguía cuando corrían por el prado. Ella miraba el agua y suspiraba, o, de cuando en cuando, tarareaba una canción hasta que uno de los chicos mayores la recogía; y así hasta el día siguiente en que volvía a dejarla en el mismo sitio mientras él se iba a jugar con los demás.

Los salmones son peces precavidos, pero también curiosos; después de varios días observando a la niña había descartado que su soledad tuviera que ver con los peligros de la pesca y empezó a compadecerse de ella. Tal era su sentimiento que se acercó al saliente.

—Niña bonita, ¿qué haces aquí tan sola?

—Esperar.

— ¿Por qué no juegas con los otros niños?

— Porque no puedo.

— ¿Acaso no te dejan?

—No, no puedo porque mis piernas no funcionan como las de los demás. — Levantó un poco su vestido enseñando sus rodillas. — Es por algo que me pasa aquí.

— ¡Qué triste!— exclamó el pez— Y ¿qué haces mientras esperas a que terminen de jugar?

—Observo, a veces canto, y aprendo cosas.

— ¿Como cuáles?

—Pues, el cambio de las hojas de los árboles según pasa el año; el comportamiento de los animales y, últimamente, a hablar con un salmón.

—Y ¿qué más?

—Nada más, desde aquí es todo lo que puedo ver. Y ya me he aburrido de buscar formas en las nubes.

— ¿Formas en las nubes?

—Sí. ¿Ves? Aquella parece un dragón, esa otra una oveja… pero no suelen parecer muchas más cosas.

—Son bonitas— dijo el salmón.

—Y tú ¿qué haces aquí? Tenía entendido que los salmones viajan mucho.

—Volvía al sitio donde nací, aunque creo que me he desviado del camino.

— ¿Vienes de muy lejos?

— De más allá del mar.

—Entonces habrás visto muchos lugares y gente.

—Pues sí, pero nunca conocí a una niña que no pudiera saltar o correr. Sí conocí a un anciano, era tan viejo que sus piernas casi no le sostenían y se sentaba en un tronco a la orilla del mar todas las mañanas.

— Y ¿qué hacía allí?

—Lo mismo que tú, supongo.

— ¡Qué pena!

—No creas, estar ahí sentado no parecía molestarle demasiado.

—Se habría acostumbrado. A mí me pasa.

—También había veces que un montón de niños se sentaba con él para escuchar lo que el anciano decía.

— Y ¿no corrían ni jugaban con la pelota?

—Cuando el anciano hablaba no, se quedaban callados y a él se le veía muy feliz.

—Y ¿qué les contaba?

Salmón relató a la niña todos los cuentos y leyendas que le había oído al viejo y, de paso, algunas más que sus viajes por el océano le habían dejado conocer. Y así un día tras otro hasta la última de ellas.

—Como ves— dijo una vez hubo terminado—, hay otras formas de aprovechar el tiempo que corriendo y saltando, y, a veces, tener que permanecer sentado no es tan malo si sabes qué hacer.

La niña asintió convencida de que todo podría ser distinto a partir de ese momento.

—Yo ya me tengo que ir— dijo el salmón—. Me he entretenido mucho y no quiero llegar tarde a mi lugar de nacimiento.

Y, con un golpe de cola, se despidió de la niña y siguió su camino río arriba.

Cuando, unas semanas después, volvió a bajar por la corriente, se alegró al descubrir que la niña que no podía jugar, correr, saltar ni bailar, ya no estaba sola; sus amigos la rodeaban ensimismados, atentos a lo que ella contaba, que no era otra cosa que las historias que le había oído al salmón; y se puso muy contento.

Decidió en ese momento seguir recopilando cuentos y leyendas, incluso se le ocurrió pedirle al resto de salmones que hicieran lo mismo y así, cuando volvieran a pasar por allí, podrían contárselas a la niña porque, aunque jugar, correr y saltar es muy divertido, siempre harán falta personas que cuenten cuentos.