El día que me hice escritora

El día que me hice escritora llevaba una camiseta de rayas y las uñas pintadas, un bolígrafo en la mano, una libreta con mil preguntas y ganas de gritar.

Tuve dos reuniones de trabajo, nunca había tenido reuniones de trabajo, y menos por teléfono. Conocí a gente con ilusión, y sentí miedo.

El día que me hice escritora, me entraron dudas sobre si sabía escribir, aunque llevaba haciéndolo toda la vida.

El día que me hice escritora era febrero y creo que llovía, o no, porque el perro salió a pasear un buen rato, pero hacía frío, porque era febrero, y anocheció enseguida por la misma razón.

Era martes, de eso me acuerdo, y primeros de mes.

Tenía la cabeza llena de síes y noes; y muchas ganas de comerme un pastel de crema (y eso que no soy golosa).

Me bebí una taza de té y estaba cansada.

Me acordé de mi abuelo, de mi tía, de un bolígrafo que me regaló mi padre, de mis amigas, de Mendoza y García Márquez.

El día que me hice escritora, me puse a escribir y no me salieron las palabras.