Sabañones

—Abuelo, ¿por qué te falta un trocito en esta oreja?— preguntó la niña, tocando con sus pequeños dedos aquella ausencia parecida a un mordisco.
—Los sabañones, hija.
En la mente de la nieta, aquella nueva palabra tomó la forma de un ratoncito rojizo y minúsculo, que aprovechaba cualquier descuido para mordisquear las orejas de la gente.

Amar

 

Imagen

 

Cuentan que Mar se enamoró de Tierra y que la espuma de las olas eran torpes besos furtivos.
Tal era la pasión de aquel amor, tan fuerte e intensa, que Mar terminó por desmoronar los acantilados para poder ver a Tierra desnuda por fin.