HÉROES Y VILLANOS

Salió un tiempo con el Joker; resultó ser un narcisista. Con Lex Luthor tuvo más de lo mismo.

Como los chicos malos no le daban resultado, probó con los buenos.

Superman fue una decepción.

Acabó hasta el moño del compromiso con el trabajo de Batman. Había perdido la cuenta de las veces que esperó envuelta en una toalla a que él entrara por la puerta del baño para abandonarse en sus brazos, pero siempre aparecía la dichosa batseñal.

Al final se casó con el fontanero que le arreglaba los grifos al Increíble Hulk; quizá no era tan importante, ni estaba tan bueno, pero al menos pisaba por casa.

Soltar amarras

—Nos han encontrado— dice la chica. Y un humo denso envuelve el muelle.

Cualquier sitio sería menos predecible que un espigón de madera marcado por los besos furtivos de todos los amantes adolescentes en veinte kilómetros a la redonda.

Él sujeta la cara de ella entre sus manos, nunca sintió tan tibia una piel, jamás volverá a tocar otros labios con los suyos.

—¡Entréganos al espécimen y nadie saldrá herido!

—Entrégame y podrás volver a casa.

—No quiero— se niega, y empuja a su amado de vuelta al mar, hogar de peces y caracolas.

El amor entre humanos y sirenos resulta, una vez más, un imposible cuento de hadas.