TÚ Y YO

A veces se me olvida que tienes la capacidad de cambiar de forma en mis sueños, que tus ojos unas noches son verdes y otras se agazapan en la oscuridad de las avellanas maduras; que mutas tu tamaño, tu aspecto; que puedes ser travieso e intrincado, valiente guerrero, sabio de mil años, pero nunca cambias tu manera de mirarme, de decirme, de llamarme a tu lado.

Y a veces, la mayoría, se me olvida lo que quieres decir y no reacciono, porque yo también sé cambiar de papel, y de ojos, y de forma; puedo ser nube bravía y ola serena, aguerrida heroína de un cuento por terminar, o hechicera.

Mira que me gusta cuando me sueño hechicera y tú vienes y me preguntas, y yo, a pesar de toda mi magia, no tengo respuestas; la bruja más ingenua, que puede convocar tormentas y hacer alzarse los mares y abrir en dos la tierra; y, sin embargo, no logro ver tus ojos, y tus palabras, y tu decir mi nombre, dulce pensamiento que se te escapa de los labios. Y toco tu hombro, acerco mi boca para oír con el aliento; tú insistes, sueltas tus armas, y el ruido me sobresalta.

Nada prepara a una hechicera para el sonido de una espada contra el suelo.

Me dices, creo que lo oigo en el fondo de mi garganta, que tienes miedo de las hadas, aunque yo nunca me sueño con alas de mariposa.

Entonces te descubres el pecho y es en ese instante, de ojos oscuros como avellanas maduras, que me noto fluir salmón en tu mirada, ora yegua, ora loba herida, ora jabalí blanco, cisne que escapa de un mal viento. Me susurras y yo me pierdo, porque sigo sin entender que las malvas no siempre cubren a los muertos; a veces, las más de las veces, son solo malvas.

BENDICIÓN A LA ANTIGUA

Que la niebla venga un día

a revivir tu alma eterna

y un rayo de tormenta

sane tu corazón dolorido,

que las pequeñas gotas de lluvia

sean tus únicas lágrimas

y el viejo viento entre las piedras

cante una hermosa canción para ti.

Que sientas en mis abrazos

la fuerza de las montañas

y sepas, al fin, que todo

es tu batalla ganada,

que la madre no te olvida

ni te abandona tu hermana.

ENTRE EXTRAÑAR Y ECHAR DE MENOS

Te extraño,

con todas sus letras

sus abismos, sus esperanzas.

Te extraño con ojos nuevos

que no conocen esa mirada

tan dulce, tan despierta,

a fin de cuentas tan extraña.

Te extraño,

que no es lo mismo que echar de menos,

tú siempre eres más en un torbellino

de circunstancias,

más sereno, más amable,

más impredecible,

más tú, más yo también.

Y por eso te extraño,

por cuanto de mí reflejas.