DE TI I

Aquel lugar extraño, que solo conozco en sueños, que solo visito contigo, qué angustioso se tornó anoche, con los cuervos portando los cadáveres de sus compañeros, un niño pintando con los dedos y los últimos rayos de sol. Tu abrazo que no era tu abrazo, y esa nostalgia que se colaba por la ventana con una niebla asfixiante. Una cabra blanca y negra, el olor a castañas, un perro ladrando a una nube de forma incierta. En medio del caos, tu voz como una brújula; tus labios, estrellas polares; tus ojos, bálsamo capaz de resucitar a los muertos.

Y, aunque no lo creas, a pesar de todo ello, cuando desperté me sentí un poquito feliz y un poquito desamparada, como siempre que huyes entre las campanadas de los sueños y el sonido impertinente del despertador.