BLUE MONDAY

Todos tenemos días malos de esos en que levantarse requiere un esfuerzo hercúleo, un acto de voluntad extrema. La noche en vela pasa factura, el estrés de la semana, las carreras en el trabajo, al salir del trabajo; en sueños, incluso, siempre corriendo.

Todos tenemos días malos, hasta los superhéroes, y por eso, hoy, Superman se ha puesto los calcetines de lana y yace bocabajo en su cama, tan calentito, mientras las cabinas de teléfono no saben qué hacer.

NOBEL DE LITERATURA

Dicen que se puede conocer a una persona por los libros que atesora en su biblioteca, quizá por eso, Ernestina Ciencaballos, más conocida por el pseudónimo M. Bocanegra, guardaba su extensa colección con celo en una habitación alejada de ojos curiosos.

Ni cuando se vio obligada a recibir en su casa a los periodistas tras ser galardonada con el Nobel de Literatura, reveló su escondite; de hecho necesitó un préstamo bancario avalado por el premio y la ayuda de un decorador profesional para convertir la salita en un estudio de escritor creíble, aunque sin libros.

Los titulares la tacharon de fraude.

¿Dónde se había visto un escritor que no lee?

EN BALDE

Encontró un precioso balde donde ir guardando sus desengaños. Era un balde grande y tímido, lleno de bondad; un sitio perfecto donde almacenar las cosas que la hacían sentirse hueca.

Con suerte, lo especial del balde lograría mitigar la influencia de lo que contenía y, si no, al menos estaría a buen recaudo hasta el día en que pudiera quemarlo todo en una hoguera.

BOCETO

Vivo entre dos “yo”, una que escribe y otra que lee; una castellana y una irlandesa; una se aburre en la oficina y la otra remonta con un salmón.

Las dos tienen los ojos verdes y las rodillas un poco pochas; las dos, a veces, se entreveran y no sé quién soy yo y quién ella, pero solo una sabe hablar con las piedras.

Emboscada

Huía entre los árboles, en una carrera desesperada, perseguida por sus sueños, sus anhelos, sus deseos.

Cuando llegó al claro, su destino la estaba esperando.

De perdidos…

Escuchó el murmullo del agua y siguió el sonido como si fuera un niño tras el carro de los helados. Finalmente llegó a una playa.

No era rumor de río, sino de olas, y él seguía sin encontrar su camino.

Si…

Si encontrar palabras de amor fuera sencillo,

si mis labios perdieran la fe en los tuyos

y todo lo que gira a mi alrededor no ardiera,

o los pájaros dejaran su canto a la mañana.

Si la niebla fuera luz en vez de sombra

y se marchitaran las algas en el mar.

Si las almas se parasen en un punto,

si detuvieran su camino los segundos

y la tierra acabase hoy con su danza.

Si al mirarte no sintiera una punzada

que viniera a doler más que el corazón,

y al llorar fuera una lagrima equivocada

y la risa fuera cara del dolor.

Si tus ojos no mirasen a mis manos

y el cobijo de mi pecho fuera incierto;

si el incienso nunca oliera sino lejos

y las palabras se rompieran al hablar,

mis sueños no seguirían a tus ojos

y yo no vendería mi boca en cada beso.