HALLAZGO

La linterna dibujaba momentos de claridad en la pared y revelaba un mar de manos alzándose al infinito; el aire que les rodeaba parecía haberse congelado en el remoto instante en que el último obrero colocó la piedra que selló la entrada de la tumba hacía cuatro mil años.

Sintió la tentación de rozar la maravillosa imagen de Anubis; apenas sus dedos se acercaron a la pared, la pluma de la balanza subió en el platillo y los arqueólogos quedaron allí encerrados para siempre.

PAULA QUE TODO LO LEE

En sus estanterías hay una amalgama increíble de géneros y épocas. Es difícil mantener un orden lógico cuando tu biblioteca la habitan cantares de juglaría y lo último de Eduardo Mendoza.

«Ayer estaba aburrida y me puse a leer unas jarchas medievales.» «El sábado pasé la tarde leyendo a Chéjov.» «Tengo un amigo que ha escrito un libro inspirado en la licuefacción sísmica de Port Royal. Me ha gustado.» «Me encontré unos poemas del siglo XIV en una librería de viejo cuando estaba de vacaciones.»

Y, cuando se aburre de esto, estudia leyes, para desintoxicar. Lo mismo se pone con el RD 1/2015 que le echa un ojo, por curiosidad, a la Ley de Propiedad Horizontal.

Sus amigos encontramos adorable su amor por las letras, aunque se le esté yendo de las manos. En secreto, y con cariño, la llamamos “Paula la que todo lo lee”.

La semana pasada quedé con ella, me contó sus últimas adquisiciones. Reconozco que me da envidia, y un poco de vergüenza, que ella lea tanto, y tan variado, y yo tan poco en comparación, aunque dudo que haya en el planeta alguien que lea lo que Paula lee.

Luego me contó que unos pajaritos han decidido convertir en corrala de vecinos el biombo de la persiana de su habitación; para echarlos, ha probado con el sonido de un halcón, con Bach y con golpes de palo de escoba, pero nada, ahí siguen, cada vez más a gusto y cada vez más ruidosos.

Así que ayer, dispuesta a echarle una mano, y de paso contribuir a la extensión de su biblioteca, le he comprado un tratado de ornitología, para que se entretenga cuando se canse de jarchas y leyes.

EL CABALLERO BURLADO

Bajóse del caballo y brillaron las espuelas al chocar con el suelo. Se acercó a la niña que le seguía unos pasos por detrás, el pelo dorado en larga trenza y coronado de flores. En las mejillas el rubor de la adolescencia y en sus ojos una malicia titilando entre las pestañas, engrandecido por el asomar de sus dientes como perlas entre la rosa de sus labios.

—Te amo, niña preciosa, pero miedo tengo de la maldición que me llevas.

—Demonios peores que una pobre muchacha habrás conocido.

—Caballeros sanguinarios he vencido. Jamás me di por rendido en combate hasta hoy, que me desarman tus desvelos.

Algo había en sus susurros, en el lánguido caer de sus párpados que le impulsaba a besarla, pero no podía. Le temblaban las rodillas ante la visión de sus huesos hechos cenizas en medio del camino. Su madre le había advertido sobre el peligro de la belleza inocente y la niña no había mentido sobre su condena, pero era tan bonita. El caballo resopló sacándolo del embrujo de sus brazos desnudos y de la promesa de amor y dicha que emanaba de su cuello.

—No podría tenerte aunque quisiera, pues he de desposarme con la princesa de Francia de aquí a tres días.

—Déjame pues, ¿qué voy a poder darte yo, pobre como una avellana, que no pueda darte ella multiplicado por mil, salvo desgracias?

—Con ella me casaré, pero mi corazón será siempre tuyo.

Volvió a subirse a la montura y arrancó unos pasos por delante de la niña. Notaba en la nuca sus ojos azules, el aroma de su vestido, le susurraban sus pies acariciando el suelo.

A las puertas de París, volvió a bajar de la montura y descubrió que ella reía; de su rostro había desaparecido la inocencia y todo él reflejaba ahora enojo y malicia.

—Tonto caballero. Yo soy la princesa que habrías de desposar en tres días de haberme dado una oportunidad de amarte, pero la princesa de París no se casa con cobardes que se asustan de maldiciones escupidas sobre muchachitas hermosas.

Basado en el Romance de El caballero burlado.

COSAS QUE PUEDEN PASAR UN DOMINGO I

COSAS QUE PUEDEN PASAR UN DOMINGO I

Es un fastidio cuando llega una plaga de mantixcornios y te pilla con la ropa tendida pues, lejos de deleitarse devorando las cabezas de sus machos (quienes, por cierto, carecen del distintivo cuerno) gustan de nutrirse del lino tejido a falta de papiro o vitela, su comida favorita.

Por eso, aún peor que dejarse la ropa tendida cuando llega una plaga de mantixcornios, es dejarse abiertas las puertas de la biblioteca.

PROBLEMA MATEMÁTICO

La nueva reforma educativa obligaba a que todas las asignaturas fueran útiles en la vida cotidiana; así, en Lengua enseñaban a escribir wassaps correctamente, en Naturales se aprendía a distinguir las bayas venenosas de las comestibles y, en Dibujo, planteaban los planos de una casa o la distribución de los muebles en una habitación. A última hora tocaba Matemáticas:

“Si las previsiones para las 7 de la mañana son de 5 grados y, para mediodía, se esperan temperaturas de 22. ¿Qué ropa debe ponerse Elena para no coger un resfriado?”

LA LUNA DE ODÍN

Tengo una amiga arqueóloga y hace tres días quedamos después de meses sin vernos aprovechando que ella ha venido a la ciudad a dar una charla y yo estoy preparando la presentación de mi último libro. Últimamente nos resulta difícil encontrar hueco para tomar un café entre mis escritos y sus expediciones, pero esta vez se obró el milagro y nuestras agendas han coincidido.

Me hacía mucha ilusión el reencuentro porque normalmente, aunque estemos lejos, seguimos en contacto por las redes sociales o por mail, pero mi amiga, en su última excavación, ha estado en la luna y allí no hay buena cobertura.

Nos conocimos el segundo año de universidad en una charla sobre la degradación del hábitat del escarabajo pelotero y fue un flechazo. Al final, ella hizo su doctorado en cultura escandinava y yo me puse a trabajar de columnista en un periódico local.

Siempre me pongo sentimental cuando me acuerdo de aquellos días, rodeadas de copas de vino y tapas a medianoche. Nos convertimos en unas snobs que soñaban con carreras prometedoras: ella como Indiana Jones y yo como la nueva Virginia Woolf (a ser posible, sin suicidio al final).

Hace un par de años me dijo que se iba a la luna, que tenía una corazonada y que no podía contarme más. Mentiría si dijera que no me preocupé; los viajes a la luna están a la orden del día, yo misma estuve el año pasado de vacaciones, pero temía por su reputación. ¿Qué pretendía encontrar allí? ¿La huella de Neil Armstrong?

Pues, contra todo pronóstico, encontró algo, algo muy gordo. Y, a pesar de que puede ser el descubrimiento de sus sueños, también se ha convertido en su peor pesadilla.

Para empezar, la conferencia que iba a dar se ha suspendido y ayer me llamó muy asustada. Dos tipos con cara de pocos amigos se personaron en su casa blandiendo unas identificaciones de la NASA y le dieron la invitación para una reunión con la mismísima presidenta de los Estados Unidos. De entrada le han prohibido divulgar su descubrimiento y le han secuestrado las muestras arqueológicas que había recogido. Estaba desesperada, y me ha pedido que vaya con ella. Dudo que me dejen entrar pero, si llegamos juntas hasta la puerta, ya habré cumplido como amiga.

******

Mira qué majos son en la Casa Blanca. Mientras esperas, te dan té con pastas y, si la cosa se alarga, te hacen una ruta turística por el edificio. Yo estaba encantada, hasta que mi amiga salió de la reunión. Menuda cara traía. Se ve que lo que ha encontrado pone en peligro la estabilidad mundial y se ha clasificado como TOP SECRET. Vamos, que ha pasado a coger polvo con algunas reliquias masonas y los alienígenas del Área 51.

Ni las gracias le han dado.

Cuando hemos vuelto a España yo ya no podía más. Hemos parado en un café y le he preguntado a bocajarro qué coño había encontrado.

«Vikingos.» Me ha dicho. «Los vikingos estuvieron en la luna.»

A mí se me ha puesto en mente el gallego aquel que ha venido de El Ferrol a conquistar las marcianas, sí, a conquistar las marcianas… Que no creo que fuera vikingo, pero vaya usted a saber.

Le he comentado a mi amiga, dentro de mi ignorancia en la materia, que una cosa es que los fornidos nórdicos tuvieran barcos que lo mismo te navegaban por mar que por río, y otra muy distinta, por no decir una barbaridad, que hubieran conseguido subir hasta la luna a golpe de remo.

Ella me ha explicado como, en una de las sagas, se relata el viaje de Nosequién Noséquesson a una tierra de suelos grises y sin viento más allá de las nubes y las estrellas. Mi amiga, que había invertido todos sus esfuerzos en encontrar el destino de aquel viaje, se vio una noche mirando a la luna y lo entendió.

Los primeros meses de excavación fueron un infierno, físico y psicológico, hasta que una tarde, bajo las cerdas de su pincel, asomó algo brillante: un hacha en perfecto estado, y no un hacha cualquiera, un hacha vikinga de no recuerdo qué periodo.

Después todo fue coser y cepillar: brazalete, escudo, broche y, por último, un esqueleto inhumado con toda su parafernalia sin incinerar (huelga decir que en la luna no se puede hacer fuego).

Yo la he escuchado embelesada, aunque para mis adentros pensara que, mejor que a la Casa Blanca, la tendrían que haber enviado a la consulta de un psiquiatra.

Cuando ha terminado de contarme su hallazgo, se ha dado cuenta de que me costaba tragarme su aventura y, con cara de suficiencia, me ha mostrado unas fotografías en su móvil. Allí estaban todas las piezas descritas y, por si todavía albergaba alguna duda, en una de las imágenes aparecía ella de cuclillas frente a los tesoros con la Tierra de fondo.

Hasta yo, que estoy poco puesta en este tipo de avatares, comprendo que se trata de un descubrimiento a la altura de la tumba de Tut-ankh-amon. ¿Cómo pueden silenciarlo?

Por lo visto, después de la que habían montado Rusia y Estados Unidos con la carrera espacial en los sesenta del siglo XX, y lo mucho que les había costado encontrar la paz, no es plan que el viaje de un señor hace dos mil años desentierre el hacha de guerra. Mi amiga replicó que el hacha ya se había desenterrado y que, se pusieran como se pusieran, además era vikinga, pero la han despedido con una amenaza nada velada y un “buenas tardes” muy educado.

Así que aquí estamos las dos, conscientes de un secreto que podría cambiar la historia de la Humanidad, pero que nunca saldrá a la luz; por eso les ruego que no digan nada ni a familiares ni a amigos, que estos de la NASA tienen muy mala baba y nunca sabe una dónde tienen un espía.