HERIDAS DE GUERRA

Estaba herido por mil rasguños profundos como escaras y líneas amoratadas surcaban su superficie, vestigios de la guerra sin vencedores ni vencidos.

Garabatos sin sentido se agolpaban en sus límites, fuera de lugar, incoherentes. Hasta cicatrices sobre cicatrices, que intentaban corregir una herida anterior que no cuadraba con el resto.

Parecía mentira que aquella masacre fuera el aspecto físico de algo tan bello como un relato sobre la inmortalidad del amor.

NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS

Todo saldría bien si esa noche llovía, los campos se agostaban y las vacas perdían lustre desde hacía semanas. A medianoche se desató una tormenta que despertó a todo el valle con el brillo de los relámpagos y el retumbar de los truenos en los cristales. Las gotas comenzaron a golpear el suelo con violencia. Al amanecer, descubrieron las albercas cegadas con toneladas de barro. A ganaderos y agricultores les hundió en la tristeza, pero qué contentos estaban los alfareros

Cosecha anual

En primavera secaba pétalos de flores entre las hojas de cuadernos usados.

Se afanaba en recoger conchas en verano, guardándolas con cuidado en su saquito de arpillera.

Cuando llegó el otoño, y se encontró aquellas dos bellotas unidas por sus sombreritos, quiso guardarlas también, en una cajita de cedro.

Para cuando el invierno apareció, con su genio cambiante y frío, se vio en la tesitura de buscar un sitio donde almacenar los copos de nieve y el viento del norte.