NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS

Todo saldría bien si esa noche llovía, los campos se agostaban y las vacas perdían lustre desde hacía semanas. A medianoche se desató una tormenta que despertó a todo el valle con el brillo de los relámpagos y el retumbar de los truenos en los cristales. Las gotas comenzaron a golpear el suelo con violencia. Al amanecer, descubrieron las albercas cegadas con toneladas de barro. A ganaderos y agricultores les hundió en la tristeza, pero qué contentos estaban los alfareros

Cosecha anual

En primavera secaba pétalos de flores entre las hojas de cuadernos usados.

Se afanaba en recoger conchas en verano, guardándolas con cuidado en su saquito de arpillera.

Cuando llegó el otoño, y se encontró aquellas dos bellotas unidas por sus sombreritos, quiso guardarlas también, en una cajita de cedro.

Para cuando el invierno apareció, con su genio cambiante y frío, se vio en la tesitura de buscar un sitio donde almacenar los copos de nieve y el viento del norte.

TIRANO

Habían pensado en las múltiples consecuencias del cambio climático.

Eruditos, ingenieros, biólogos y físicos se habían devanado los sesos intentando adelantarse al desastre; pero, cuando los polos se derritieron del todo, la única posibilidad que no habían barajado era verse sometidos a la voluntad dictatorial de un salmón que agitaba el látigo de alga trenzada con aleta férrea, demandando cada día más manos para construir el mausoleo con que honrarían su memoria tras el desove.