CIZALLA

La vi a ella, gritando tu nombre con el vaivén incesante del columpio que colgaba de la luna. La vi a ella, gritando te quieros sin pudor, sin recato, descomedida; tan abundante, tan repleta, que hasta los perros callaron ante su declaración de amor.

Y yo, triste y umbrada bajo la luz de las farolas, recordé esos besos que nunca me diste y los abrazos que apenas te robé.

La vi a ella, desvergonzada y descalza, con el aire de poniente agitando su melena, con el vaporoso volar de sus enaguas. Y mi sombra se hizo menos sombra, menos amiga, menos consuelo, menos más; menos yo.

Una estrella fugaz interrumpió el reflejo de los charcos. Aquí nunca llueve, aquí nunca hace sol, y los paraguas son barcos a la deriva en un mar de hojas esqueletadas, vacías, sin ser ni fruto; sin alba ni ocaso.

Y anoche corté las cadenas del columpio de la luna creciente para que ya ella no pueda gritarte, insolente, desde el fondo de las corolas de los tulipanes, desde el azahar en ciernes, desde el salir del sol.

Anoche corté las cadenas de la luna creciente para que menguara tranquila, sin estorbos, sin alborotos, sin amantes descarados, y que así nos dejara a solas.

A solas mi sombra y yo.

PROFUNDA DECEPCIÓN

Se bajó del avión ilusionada. Había presumido delante de todos sus compañeros de colegio con aquel viaje y llevaba tres noches casi sin dormir.

Sin embargo, Roma no se parecía en nada a lo que ella había visto en los cómics de Astérix que guardaba su hermana mayor.

— ¿No te gusta Roma, Andrea?— le preguntó su padre.

—No. Es como nuestro pueblo, pero con los edificios más rotos.

NOBEL DE LITERATURA

Dicen que se puede conocer a una persona por los libros que atesora en su biblioteca, quizá por eso, Ernestina Ciencaballos, más conocida por el pseudónimo M. Bocanegra, guardaba su extensa colección con celo en una habitación alejada de ojos curiosos.

Ni cuando se vio obligada a recibir en su casa a los periodistas tras ser galardonada con el Nobel de Literatura, reveló su escondite; de hecho necesitó un préstamo bancario avalado por el premio y la ayuda de un decorador profesional para convertir la salita en un estudio de escritor creíble, aunque sin libros.

Los titulares la tacharon de fraude.

¿Dónde se había visto un escritor que no lee?

HISTORIA DE DOS PARROQUIAS

En el pueblo habían puesto las dos parroquias una frente a otra. En ambas se dispensaban vino y hostias (con y sin hache), aunque a horas distintas, para no hacerse la competencia. Y eso a pesar de que los fieles de una y otra no tenían nada que ver; mientras de la primera salía siempre un murmullo ininteligible que sonaba a conspiración, de la segunda todo lo dicho se entendía sin problemas tres calles más abajo.

El único día que se confundían los feligreses era por San Antonio, patrón del pueblo y fiesta mayor, porque era obligado acudir primero a misa y luego al vermú.

EN BALDE

Encontró un precioso balde donde ir guardando sus desengaños. Era un balde grande y tímido, lleno de bondad; un sitio perfecto donde almacenar las cosas que la hacían sentirse hueca.

Con suerte, lo especial del balde lograría mitigar la influencia de lo que contenía y, si no, al menos estaría a buen recaudo hasta el día en que pudiera quemarlo todo en una hoguera.