DE FAROS Y OLAS

Texto incluido en el libro de relatos Lo que las piedras callan

Fotografías a miles han retratado esos momentos de faros emergiendo entre una espuma que levanta metros sobre las rocas; sobrevivientes a la naturaleza, orgullosos e inquebrantables, impertérritos ante una violencia a la que se han acostumbrado con los años.

Esto es lo que los humanos piensan, y están equivocados.

De las conversaciones entre faros y olas solo nos llegan los ecos, tímidos susurros entre el viento húmedo de los temporales. Son enamorados al amparo de las estrellas que ocultan un sentimiento impuro durante el resto de sus existencias.

Nadie se acuerda de estos amores cuando hace buen tiempo, cuando la luz, en temerosos guiños, acaricia las ondas con alevosía y nocturnidad.

¿Qué pensará el mar durante el día?

Los faros se esfuman entre la niebla, disimulando hora tras hora sus ansias hasta que llegan las tormentas para calmar la impaciencia de un amante por reunirse con otro; las nubes, oscuras celestinas, se compinchan con los vientos; arrancan aullidos de las rocas, estremecen corazones y cabalgan gotas. Obligan a los humanos a esconderse, a cerrar los ojos. Todo para que las olas puedan robarle a los faros un beso.

A LAS AGUAS DEL TINTO

Tinto de otoño teñido

que te desbordas por los viñedos

salpicados en tus orillas

bajo la atenta mirada del halcón,

bebida ancestral que fluye con tu nombre

como una ofrenda

a los dioses antiguos de la Humanidad,

tributo efímero a unas aguas

cuyas entrañas guardan los preciosos metales

que hicieron hombre al hombre,

primera herramienta

interrumpida por molinos

que le dieron de comer,

pan infinito amasado con tus corrientes,

espejo de las estrellas, reflejo de planetas lejanos,

sangre derramada

de mil brazos que horadaron tus raíces,

Tinto que dibujas la tierra con tu líquido pincel.

I MISS THE RAIN

Poema incluido en el libro ilustrado por Elena Gromaz “Haremos que llueva”

 

Echo de menos la lluvia

y mis botas de agua haciendo “choff” en los charcos;

el reflejo de las luces de los coches

sobre el pavimento mojado;

el olor a fresco,

el sonido del agua en las ventanas dejando los cristales manchados.

Echo de menos la lluvia y mi vestido con leotardos;

las prisas,

los paraguas que pueblan como setas el acerado;

las abuelas que se tapan con bolsas de supermercado.

Echo de menos la lluvia, y el otoño,

que, después de tanto tiempo, creo que siempre fue verano.

Echo de menos la lluvia,

y mi taza de té del salmón desdichado,

y a Sting, a Carlos Núñez, a los Chieftains y el letargo.

Echo de menos la lluvia,

aunque esta mañana me he mojado.

ME LO DIJO EL DIENTE DE LEÓN

Me lo dijo el diente de león,

entre los remolinos de un amanecer de mayo,

que todavía me dejabas aparecer en tus sueños

y que, cuando despertabas,

el corazón te latía al ritmo de una manada de caballos desbocados;

que buscabas mi nombre entre los ojos de otras,

que acariciabas las olas como si fueran mi piel

y que, después de tres noches,

volvías a olvidarme,

como si nunca hubiera sido parte de tu vida,

como si mis huellas se hubieran borrado

con la subida de la última marea.