HIGHLANDS

 

En la portada del dominical, el último campeón de los juegos de las Highlands mostraba orgulloso su trofeo, paradigma de la tradición: kilt verde y rojo, camiseta Domyos y botas de leñador.

CAMPANU

Iba en cabeza en la desembocadura y ya soñaba con una medalla de oro.

Primer premio: ser plato de postín en un restaurante asturiano.

PSIQUE

Tenía todas las trazas de una batalla campal: los cadáveres se contaban por miles y la derrota era cierta. La media neurona superviviente miró a su alrededor, cansada, y se echó a dormir.

DE TI I

Aquel lugar extraño, que solo conozco en sueños, que solo visito contigo, qué angustioso se tornó anoche, con los cuervos portando los cadáveres de sus compañeros, un niño pintando con los dedos y los últimos rayos de sol. Tu abrazo que no era tu abrazo, y esa nostalgia que se colaba por la ventana con una niebla asfixiante. Una cabra blanca y negra, el olor a castañas, un perro ladrando a una nube de forma incierta. En medio del caos, tu voz como una brújula; tus labios, estrellas polares; tus ojos, bálsamo capaz de resucitar a los muertos.

Y, aunque no lo creas, a pesar de todo ello, cuando desperté me sentí un poquito feliz y un poquito desamparada, como siempre que huyes entre las campanadas de los sueños y el sonido impertinente del despertador.

CATÁSTROFE II

Terminó la novela, la dejó con satisfacción sobre la mesita de café y salió al jardín para estirar las piernas.

Cuando regresó al estudio, el perro se había comido el manuscrito.

INSTRUCCIONES PARA SALIR DE UN BOSQUE ENCANTADO

Seguir la linde de los Alisos, saltar el Brezo,

rodear tres veces el Castaño en el sentido de las agujas del reloj,

pasar junto al Diente de león sin que se muevan sus semillas,

recoger una vara del centro del Espino,

cantar al Fresno una canción de amor;

de ninguna forma subirse al Guindo,

presentar los respetos al Haya, cuidarse de encender fuego cerca del Incienso,

hacer un ramillete de Jacintos atado con hierba de San Juan,

guardar cinco hojas de Laurel en un zurrón imaginario,

ofrecer a las hadas el fruto del Manzano antes de que caiga,

raspar con tu nombre la corteza del Nogal,

escarbar entre las raíces del Olmo en busca de setas,

untarse las manos con la resina del Pino,

soñar toda una noche junto al Quejigo,

escalar el Roble sin quebrar una rama,

escuchar las penas del Sauce hasta que deje de llorar;

atravesar el tronco del Tejo sin tocarlo,

comer cuatro uvas de la Vid mirando hacia los puntos cardinales

y, por último, reptar bajo la Zarza.

ISO 100

A veces sale la luna y se queda quieta, muy quieta en medio del cielo, y entonces uno piensa que posa, engreída, para todos los fotógrafos del planeta.

Después se burla, con Venus y las constelaciones cercanas, de la inocencia de los humanos, pues cualquier aficionado a la fotografía sabe que la luna siempre sale movida.