AMANECE, QUE NO ES POCO

Le gustaba mirar amanecer con los ojos puestos en las bateas negras y pardas que se cruzaban en el horizonte con la línea de las islas.

El sol siempre salía por el otro lado, pero era el nacimiento de su sombra, inexistente a esas horas, la que le llenaba de vida. Creación milagrosa, compañera inseparable salvo por las noches, en que ella se fugaba, suave como las primeras plumas de las gaviotas, a descansar a un mundo de lechuzas ansiosas y plenilunios frustrados que él desconocía.

DE GUÍAS

Hace tiempo que aprendí que las cosas se tuercen cuando menos lo esperas. Por mucho que endereces el árbol, siempre hay una rama díscola que busca lejos el calor del sol y rompe la armonía de tu erecta obra con una horizontal maliciosa que recuerda que la naturaleza, así como el destino, no se pueden gobernar.

Rizo natural

Qué curiosa es la naturaleza de un pelo. Los lisos se mueven con el aire, vaporosos, como vientos indecisos que lo mismo escogen como camino la cara que la nuca, siempre bailando, volando con las hojas, con el polen, con los sueños. Los rizados, en cambio, gozan del amor que se profesan unos a otros, siempre unidos en una continua espiral que desciende o asciende, que se enreda con el aletear de las mariposas y atrapa los trinos de los pájaros, que se aferra a la sal del mar con su pasado de sirena.

Y, hagas lo que hagas, no puedes luchar contra la naturaleza de un pelo; así, si el liso lo rizas, se encrespa y tiende al infinito, enfadado con el resto de sus compañeros, pero, si alisas el rizo, forma comuna en cascada, pesada soga que te golpea la espalda como venganza por su falta de unas ondas donde los salmones podrían navegar.

TIMES SQUARE

¡Qué rara es la gente por estos lares! Les gustan esas pantallas gigantes de luces hirientes, comprar salchichas de un color indigerible en un carrito de feria ambulante, cruzar mirando el móvil, silbar a los taxis; parece que están de vuelta de todo, ni siquiera miran al cowboy semidesnudo que apenas tapa su falta de vergüenza con unos calzoncillos blancos y una guitarra, pero todos se giran cuando se cruzan conmigo, como si nunca hubieran visto una lagarterana paseando por Manhattan.

NOBEL DE FÍSICA

No es fácil optar al Nobel, se necesita muchos años de estudio y… un golpe de suerte. Uno como el que se dio Anacleto Ruipérez en el dedo meñique con la pata de la mesilla de noche y que le dejó ver: primero las estrellas más cercanas, luego la Vía Láctea desde fuera y, por último, el primer destello del nacimiento de un agujero negro; fenómeno que fue confirmado por el observatorio astronómico del desierto de Atacama y que le puso en la órbita de la Academia sueca.

Aunque hoy todas sus preocupaciones se centran en encontrar unos zapatos que le permitan: A) Cumplir con el rígido código de vestimenta.

  1. B) Albergar con holgura el mamporro deforme que arrastra a un lado del pie derecho desde que realizó el feliz descubrimiento.

BLUE MONDAY

Todos tenemos días malos de esos en que levantarse requiere un esfuerzo hercúleo, un acto de voluntad extrema. La noche en vela pasa factura, el estrés de la semana, las carreras en el trabajo, al salir del trabajo; en sueños, incluso, siempre corriendo.

Todos tenemos días malos, hasta los superhéroes, y por eso, hoy, Superman se ha puesto los calcetines de lana y yace bocabajo en su cama, tan calentito, mientras las cabinas de teléfono no saben qué hacer.

NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS

Y ¿qué era la primavera sino una alternancia en el poder de chubascos y soles de justicia?

Lo malo era que ninguno de los dos partidos consultaba su triunfo con el electorado. Y así, dieron en sacar santos par que intercedieran por ellos rogando agua cuando calentaba y sol cuando llovía, ignorantes de que dioses paganos y mensajeros cristianos estaban compinchados para hacerles la vida imposible.

AULA VIRTUAL

Esto de Internet es un invento. Todo, absolutamente todo, se puede comprar en un click; hasta abuelas he visto que venden. Menudo avance.

¿Y los cursos online? Uno puede aprender de cualquier cosa sin aguantar compañeros molestos; sin cargar con la mochila. Hace un par de años, viendo el panorama socio-económico, me apunté a una universidad a distancia y este curso termino. Me estoy sacando el Graduado Superior en Villanía, que solo son tres años, pero ya sales de técnico y te pueden contratar en cualquier parte o establecerte por tu cuenta; además, te capacita para tener esbirros y secuaces, cosa que el Grado Medio no permite.

El primer año fue un verdadero tostón. Que si “Historia de la extorsión: desde Sumeria hasta nuestros días”, que si “Psicología del villano”… La asignatura que más odiaba era “Superhéroes: fisionomía y debilidades”. Me costó lo mío, pero saqué un ocho con cinco en el examen final y no me fastidió mucho la nota media.

En cambio, este curso promete. Después de la “Teoría de la presión sobre el héroe I” con la que aprendías, como si se tratara de los reyes godos, el orden de los sujetos que era mejor secuestrarle para ponerlo a tu merced (a saber: perro, compañero, novia, hijos… A la madre no se la toca, que hay cosas que son sagradas, se vayan a creer). Este año consideran que hemos desarrollado estómago suficiente para “Teoría y práctica de la presión sobre el héroe II”. El capítulo más interesante, desde mi punto de vista, es “Extracción y envío de los pedazos”, tengo muchas ganas de llegar a esa parte, aunque temo que me las voy a ver canutas para hacer las prácticas.

DE LA TUMBA A LA TRINCHERA

Se fue al descampado con la única compañía de un pico, una pala y un botijo. Comenzó a cavar un hoyo. Los curiosos que pasaban por allí le preguntaban qué hacía y él respondía a todos lo mismo: «Cavo mi propia tumba.» Después de lo cual, los preguntones se alejaban, dejándole tranquilo con su quehacer.

Pasaron los días y él seguía cavando. El hueco era cada vez más profundo, cada vez más alargado.

La novena noche se metió dentro y se tumbó panza arriba a contemplar las estrellas por última vez.

A la mañana siguiente volvió a casa, dejó el pico y la pala, rellenó el botijo, cogió pan, queso, cuerda y un hacha, y, con todo a cuestas, regresó al descampado.

Se puso a cortar troncos de un pinar cercano y los ató unos a otros.

Los curiosos que pasaban, los mismos de todos los días, comentaban entre ellos que aquella era la tumba más extraña que habían visto jamás.

¿No cavabas tu tumba, muchacho?— le preguntó uno.

No, ya no. Ahora preparo una trinchera donde hacerme fuerte.

EL NOMBRE DE LAS ESTRELLAS

—Ahí Orión y en este otro lado, Andrómeda y Perseo.

Y un pellizquito le coge el corazón. porque ella sabe que, hace mucho, mucho tiempo, otros las miraron y contaron otras historias, quizás las unieron de otras maneras, quizá eran otros amores los que escondían y ya nadie se acuerda de los más viejos nombres de las estrellas.