In memoriam

Texto incluido en el libro de relatos Lo que las piedras callan

La policía entró en el estudio sin miramientos. Apenas prestaron atención a los lienzos de las paredes, ni a los bocetos en carboncillo que tapizaban cada centímetro.

«Muerte accidental» firmó el forense, que determinó como un resbalón la causa del fallecimiento.

Y, allí, sobre el suelo plagado de manchas de óleo y pastel, dejó el pintor su obra póstuma: el contorno de su silueta en tiza blanca.

CUBRIR LAS PISTAS

Cuando recogió la ropa tendida y logró recuperar la vista tras el repentino fulgor del sol sobre el blanco de las sábanas, le llamó la atención el reguero de huellas que huía del tendal, como si los fantasmas que las habitaban hubieran aprovechado la noche para escapar de sus vestidos y correr desnudos hacia el bosque cercano.

MERCURIO TRASNOCHADO

¿Cómo te atreves a aparecer en mis noches sin ser llamado? ¿A obligarme a que me rompa los huesos buscando tu abrazo en un aire vacío que solo devuelve el recuerdo de tus ojos, de un beso que nunca existió?

¿Cómo te atreves a tenerme una semana bramando tu nombre a todos los vientos conocidos, sin respuesta?

¿En qué momento te erigieron mis dioses en mensajero de buenas nuevas que deja tras de sí un rastro de lágrimas, de deseo, de ausencia. Un huracán que arrastra un castillo de naipes. Un jodido golpe de mar?

Y, a pesar del tiempo, de los años (de la distancia en todos los sentidos), me miras enfadado, como si no te reconociera, con esos ojos imposibles que me taladran y me llevan a lugares que nunca visité, salvo en sueños y a tu lado.

Tú, duende malvado que sabes cómo romper todos los círculos de piedra de mis muchos mundos, con todos los derechos adquiridos sobre mi alma, vienes a recordarme que, a pesar de todo lo que yo sea cuando despierto, nunca podré aspirar a más que a ser yegua desbocada que galopa hacia ti.

DE FAROS Y OLAS

Texto incluido en el libro de relatos Lo que las piedras callan

Fotografías a miles han retratado esos momentos de faros emergiendo entre una espuma que levanta metros sobre las rocas; sobrevivientes a la naturaleza, orgullosos e inquebrantables, impertérritos ante una violencia a la que se han acostumbrado con los años.

Esto es lo que los humanos piensan, y están equivocados.

De las conversaciones entre faros y olas solo nos llegan los ecos, tímidos susurros entre el viento húmedo de los temporales. Son enamorados al amparo de las estrellas que ocultan un sentimiento impuro durante el resto de sus existencias.

Nadie se acuerda de estos amores cuando hace buen tiempo, cuando la luz, en temerosos guiños, acaricia las ondas con alevosía y nocturnidad.

¿Qué pensará el mar durante el día?

Los faros se esfuman entre la niebla, disimulando hora tras hora sus ansias hasta que llegan las tormentas para calmar la impaciencia de un amante por reunirse con otro; las nubes, oscuras celestinas, se compinchan con los vientos; arrancan aullidos de las rocas, estremecen corazones y cabalgan gotas. Obligan a los humanos a esconderse, a cerrar los ojos. Todo para que las olas puedan robarle a los faros un beso.

COSAS QUE SOLO PASAN CUANDO ESCRIBES

Esta mañana, como todas las mañanas, se levantó a las cinco de la madrugada, salió a correr, se duchó, tomó el desayuno y, a las ocho en punto, entró en su despacho para acometer la jornada de escritura, indefectiblemente programada hasta que la campana de la iglesia dé las doce.

Encendió el portátil, subió las persianas, colocó en perfecta alineación con el borde del escritorio los dos lapiceros para tomar notas rápidas y, con el tercero, se sujetó el pelo en un moño. Completado el ritual, se sentó y en el preciso momento en que se disponía a teclear la primera palabra del día descubrió que algo extraño pasaba, la invadió una sensación de ausencia, un cosquilleo que viajaba desde las yemas de los dedos por el antebrazo y se instalaba, ya casi como un pinchazo profundo, en la zona de la nuca. Miró hacia el teclado y ahogó un grito.

¿Cómo era posible?

El caos reinaba impunemente en un maremágnum de teclas: la A en el lugar del “intro”, la N sobre el teclado numérico, mientras CTRL, ALT y Suprimir habían creado un fuerte en torno a la barra espaciadora, pegadas una a otra por primera y cómoda vez en la historia de la informática.

ESTORBADORES PROFESIONALES

De vez en cuando pasa que tienes mucha prisa y la persona que va delante bloquea todas las salidas, tapa los huecos, como un Michael Schumacher de a pie.

De vez en cuando pasa que tienes muchas ganas de ver un puesto en el mercado y delante de ti se forma una muralla inamovible que te impide acercarte siquiera; de vez en cuando pasa.

Pasa, pero quizá no de vez en cuando, quizá hoy, en lo que llevas de día, te ha pasado tantas veces que ya has perdido la cuenta: en la escalera de casa, en la puerta de la calle, en la boca del metro, en el semáforo, en la oficina, en la cafetería, en el supermercado…

Yo el último me lo encontré en medio de un sueño, estaba allí plantado y no me dejaba ver lo que yo misma soñaba.

HIGHLANDS

 

En la portada del dominical, el último campeón de los juegos de las Highlands mostraba orgulloso su trofeo, paradigma de la tradición: kilt verde y rojo, camiseta Domyos y botas de leñador.

CAMPANU

Iba en cabeza en la desembocadura y ya soñaba con una medalla de oro.

Primer premio: ser plato de postín en un restaurante asturiano.

PSIQUE

Tenía todas las trazas de una batalla campal: los cadáveres se contaban por miles y la derrota era cierta. La media neurona superviviente miró a su alrededor, cansada, y se echó a dormir.