TRÍADA

A veces extiendo mis alas y ambas aparecen bajo mis brazos como mórrigan traídas de otros tiempos; las más de las veces es un caos (nada peor que tres cerebros intentando gobernar un solo cuerpo) pero ya no sé vivir sin la habilidad de una para habitar bajo las colinas y la de la otra para volar lejos mientras la de en medio, pobre de ella, avanza a duras penas, consolada por sus hermanas, siempre con los pies en la tierra.

SIN ALIENTO II

Hoy dejé de respirar con los pulmones, crucé la piscina tocando el suelo con el pecho; hoy me olvidé del agua que vivía por encima.

Hoy dejé de respirar con los pulmones y mi alma supo cómo coger el aire que le faltaba.

6 AM

Hay un limbo que se pierde en el primer rayo de sol precedido por el croar de las ranas y el cantar del gallo, antes de que las persianas y los coches despierten, antes incluso de que se intuyan la niebla y el frío que trae el amanecer. Hay un limbo templado de sombras y falsas herencias, de hojas que caen sin hacer ruido y gotas que se posan invisibles sobre todo lo que encuentran, incluso mi pelo, que se encoge y se esponja y parece huir de mí pero se queda flotando alrededor. Un limbo de salamanquesas ocultándose en grietas y grillos que se olvidaron de que ya no es verano, y en el borde de ese limbo, amable y mágico, mi perro y yo paseamos.

SOMBRA DE GATO

Estaba allí, quieta, venerable, arrinconada en la esquina que formaban el alero y la pared trasera del patio. Hubiera dicho que existía por el reflejo de las estrellas, de la luna que no había, por la refractación del destello del sol sobre la superficie de Júpiter o Plutón.

Levantó una pata y la acercó a su cara, con un gesto digno, regio, incontestable, y, entre la oscuridad que emanaba, juraría que vi sus ojos verdes mirándome, como jueces implacables que leen lo todavía no pensado.

Se atusó las puntiagudas orejas y volvió a posar la pata sobre el borde de la fachada, como una funambulista sin lentejuelas ni tutú. Encorvó el lomo, estiró el rabo y la sombra blanca se transformó, sobre el tejado, en una gata parda.

TRAGALDABAS II

Miraba al buzón fijamente inclinando la cabeza a un lado y a otro.

—¿Qué haces, Carlos?— le preguntó su madre.

—Esperar.

—¿Esperar a qué?

—A ver si se pone malo por comer papel, igual que yo el otro día.

PUNTOS DE REFERENCIA

Vivía con miedo a perderse en el bosque o en el mar, hasta que un día le enseñaron a guiarse por el musgo que crecía en los troncos de los árboles y la posición de las estrellas.

Entonces descubrió que las estrellas también morían.

Entonces descubrió que las estrellas también morían.

In memoriam

Texto incluido en el libro de relatos Lo que las piedras callan

La policía entró en el estudio sin miramientos. Apenas prestaron atención a los lienzos de las paredes, ni a los bocetos en carboncillo que tapizaban cada centímetro.

«Muerte accidental» firmó el forense, que determinó como un resbalón la causa del fallecimiento.

Y, allí, sobre el suelo plagado de manchas de óleo y pastel, dejó el pintor su obra póstuma: el contorno de su silueta en tiza blanca.