PROFUNDA DECEPCIÓN

Se bajó del avión ilusionada. Había presumido delante de todos sus compañeros de colegio con aquel viaje y llevaba tres noches casi sin dormir.

Sin embargo, Roma no se parecía en nada a lo que ella había visto en los cómics de Astérix que guardaba su hermana mayor.

— ¿No te gusta Roma, Andrea?— le preguntó su padre.

—No. Es como nuestro pueblo, pero con los edificios más rotos.

NOBEL DE LITERATURA

Dicen que se puede conocer a una persona por los libros que atesora en su biblioteca, quizá por eso, Ernestina Ciencaballos, más conocida por el pseudónimo M. Bocanegra, guardaba su extensa colección con celo en una habitación alejada de ojos curiosos.

Ni cuando se vio obligada a recibir en su casa a los periodistas tras ser galardonada con el Nobel de Literatura, reveló su escondite; de hecho necesitó un préstamo bancario avalado por el premio y la ayuda de un decorador profesional para convertir la salita en un estudio de escritor creíble, aunque sin libros.

Los titulares la tacharon de fraude.

¿Dónde se había visto un escritor que no lee?

HISTORIA DE DOS PARROQUIAS

En el pueblo habían puesto las dos parroquias una frente a otra. En ambas se dispensaban vino y hostias (con y sin hache), aunque a horas distintas, para no hacerse la competencia. Y eso a pesar de que los fieles de una y otra no tenían nada que ver; mientras de la primera salía siempre un murmullo ininteligible que sonaba a conspiración, de la segunda todo lo dicho se entendía sin problemas tres calles más abajo.

El único día que se confundían los feligreses era por San Antonio, patrón del pueblo y fiesta mayor, porque era obligado acudir primero a misa y luego al vermú.

EN BALDE

Encontró un precioso balde donde ir guardando sus desengaños. Era un balde grande y tímido, lleno de bondad; un sitio perfecto donde almacenar las cosas que la hacían sentirse hueca.

Con suerte, lo especial del balde lograría mitigar la influencia de lo que contenía y, si no, al menos estaría a buen recaudo hasta el día en que pudiera quemarlo todo en una hoguera.

TINTO

Sostienen que se parece a la superficie de Marte, hasta de la NASA han venido a ver si hay vida en sus aguas, aunque sea microscópica.

Los ingleses lo explotaron, los chavales (y no tan chavales) acuden en bicicleta hasta sus orillas; dicen que los ciervos beben de sus aguas, y eso que, si te mojas, se te caen los pies.

Pero, para lo que realmente sirve, y lo convierte en algo especial, es que es el único río del mundo en el que puedes tirar piedras sin miedo a acertarle a un pez o un sapo en la cabecita.

SOLUCIÓN

—Y ¿qué haces cuando vienen a atormentarte, no los fantasmas con su romanticismo espectral y la lejanía de su recuerdo, sino los cadáveres aún putrefactos con su hedor a muerte reciente, llenos de gusanos?

—Echar cal viva sobre sus tumbas y levar anclas volando libre hacia donde la corriente te lleve.

TWITTER

Le regalaron un loro azul por Navidad. Primero le enseñó a silbar, luego a repetir el principio de sus novelas favoritas. Era agradable tener compañía mientras buscaba inspiración.

Con el tiempo se convirtió en su mejor crítico. Tenía ojo el pajarraco para las tramas y los personajes. Hasta que una mañana, muy de madrugada, le descubrió frente al ordenador, tecleando trabajosamente con el pico.

El loro había usurpado sus relatos y era trending topic.

INCLEMENCIAS

Es un romance sonado, las nubes, hijas del río, se deshacen en tormentos por volver a casa; hace tiempo que se emanciparon, pero no pueden olvidar el beso tibio de los árboles.

 

LA BONDAD DE LAS CEBRAS

Hay que ver cuánta bondad hay en el corazón de una cebra, con sus rayas blancas y negras, por dentro y por fuera; mira si es alta su estima por el resto de habitantes del planeta que, lejos de enfadarse, no dudan en compartir con los humanos los pasos reservados para ellas.

TRAYECTO

Me llamo Alicia, he tenido que teñirme el pelo por mandato de una reina llena de complejos que no aguanta que le lleven la contraria.

No sé qué edad tengo, el paso del tiempo ha sido confuso desde que caí por un agujero persiguiendo a un conejo.

Ahora, que por fin vuelvo a casa, estoy inventando una excusa creíble para mi ausencia, porque me da que mi madre no se va tragar la verdad si se la cuento y voy a estar castigada para los restos.