RESEÑAS Y ENTREVISTAS septiembre 2017

Hola a todos, el mes de septiembre ha sido muy especial en muchos aspectos, pero la “vuelta al cole” ha traído (entre otras cosas) dos publicaciones muy especiales sobre mi libro de relatos Lo que las piedras callan

David Rubio, a través de su blog Relatos en su tinta, inauguró dos nuevas secciones (una de reseñas y otra de entrevistas) y me concedió el honor de estrenarlas. Como siempre os recomiendo leer el blog de David entero, porque no tiene desperdicio.

Gracias, David, por crear contenidos interesantes y por dejar que nos conozcamos un poco más.

Aquí os dejo los enlaces:

Con tinta propia, reseña de Lo que las piedras callan de Aurora Losa dentro del nº1 de En tinta viva

Entintados: entrevista a Aurora Losa y cuestionario de Proust

Además, las chicas del videoblog Amantes Literarias, booktoubers a tener en cuenta, con una simpatía sin igual, hicieron reseña de lo que les pareció Lo que las piedras callan. No os perdáis su canal de Youtube, porque saldréis con más de un título en la lista de “proximo libro a comprar”.

Amantes Literarias: reseñas del 24 de septiembre de 2017

Gracias, María y Teresa por vuestro esfuerzo y vuestra simpatía.

Haremos que llueva, un adelanto

Como ya ha llovido (poco, pero ha llovido) y nos hemos quedado con ganas de más, aquí os dejo un precioso adelanto del libro ilustrado Haremos que llueva que saldrá dentro de poco, con ilustraciones de Elena Gromaz Ballesteros (a la que reconoceréis por Conn, el selkie en este mismo blog) y textos de la desdichada detrás del salmón.

SEPTIEMBRE OK

Este fragmento se titula Septiembre y, con él, damos la bienvenida al mes de los comienzos, del olor a libros nuevos y a un otoño que llevamos esperando un verano entero.

Reseña de Lo que las piedras callan en Relatos en su tinta.

Justo antes de empezar el nuevo curso me encuentro con la reseña que ha hecho de Lo que las piedras callan (el libro de relatos cortos de la desdichada detrás del salmón) David Rubio, autor de Los demonios exteriores (libro 100% recomendable) y del blog Relatos en su tinta, que hoy estrena secciones de lo más interesantes (concursos, noticias, curiosidades, recomendaciones, relatos propios…) entre las que está Con tinta propia, que dedica, en su primera entrada, a mi libro.

Gracias, David, por tus consejos y tus palabras.

Aquí os dejo el enlace a todo el contenido: En tinta viva

Y aquí, la reseña:
CON TINTA PROPIA: LO QUE LAS PIEDRAS CALLAN de AURORA LOSA

  Dieciséis relatos breves son los que componen la primera obra publicada por esta autora y que, a juzgar por la calidad de los mismos, desde luego no será la última. Lo leí en los transportes públicos y consiguió que su bullicio desapareciera gracias a la profunda mirada y enorme sensibilidad de la autora que, a través de la lectura, nos desvela lo que las piedras callan.

  Y lo averiguamos mediante un estilo literario muy cercano al realismo mágico en el que desaparece la distinción entre seres vivos y seres inertes, en el que descubrimos que las piedras son algo más que minerales, son el reflejo de lo que somos, porque bien podría explicarse la historia de la humanidad observando únicamente cómo las hemos trabajado, tratado o maltratado. Literalmente, son las protagonistas de los seis primeros relatos, algo que me ha llamado mucho la atención y que dice mucho de la creatividad de quien lo ha escrito. ¿Se puede escribir un relato sin personajes? La respuesta la tenéis aquí. Piedras que componen una ciudad abandonada y otra colapsada por la mal llamada civilización del progreso; los adoquines que pisamos; las que componen los rincones o incluso las que se cuelan en nuestros zapatos… Todas ellas, si pudieran hablar, tendrían muchas cosas que decirnos, Aurora les ha dado la oportunidad.
  Os he hablado de magia, pero quizá sería más propio hacerlo de una percepción distinta de la realidad. Sorprende cómo, relato a relato, Aurora nos muestra que lo verdaderamente importante no se muestra a nuestros ojos, porque el amor, la nostalgia, la melancolía, la felicidad no se pueden agarrar con la mano ni comprar en el supermercado, pero son lo que de verdad nos hacen desear estar vivos. Las piedras son el vehículo por el que se comunican, solo hace falta escucharlas, algo de lo que la autora demuestra ser capaz.
  De los relatos que más me han gustado destacaría La solución a Babel, un bellísimo cuento en el que las piedras, traídas de distintas cantinas, se muestran reacias a conformar una misma construcción. ¿Cómo conseguir que se queden quietas? En Ronda nocturna asistiremos a un esperanzadora y trágica rúa. La joya de la corona es el último y más largo de los relatos, Vocación de guardés. Os aseguro que cuando lo leí pensé en que a Borges le habría encantado. Una casa que contiene todo lo que de verdad nos hace humanos, una mansión en la que al visitar sus estancias no querremos abandonar jamás, una maravilla que se inicia como si de una historia victoriana de misterio se tratara pero cuyo desarrollo es alimento intelectual y anímico para el lector.
  Escrito con un estilo cercano pero con un regusto poético, condimentado con pinceladas de humor y de chispa. Después de leerlo, prestaremos más atención al suelo que pisamos, a las paredes que nos cobijan y a las rocas que se crucen en nuestro camino.

Editado por Interdech, diseños educativos con historia y diseñado por Elena Gromaz, directora de la colección “Relatos breves” podéis haceros con él AQUÍ.

  Por cierto, Aurora Losa será la primera escritora en pasar por ENTINTADOS para contarnos todo acerca de su libro.

 

El Árbol

El pasado martes, los amigos de Martes de Cuento celebraron el número 200 con esta historia sobre el origen del mundo (y del poder de la imaginación)
No dejéis de leerlo

Martes de cuento

mancha verdeCuando en la Tierra no se habían inventado todas las palabras —y de eso hace tanto tiempo que la Memoria apenas guarda recuerdo—, sobre nuestro planeta solo vivían árboles. Habitaban muy lejos, en un remoto jardín.

Debéis saber que, por aquel entonces, el mundo era muy pequeño. En realidad, solo era un proyecto de mundo, porque lo único que había en él era ese lugar, que no se sabe cómo, cuándo ni por qué apareció. Nada de lo que conocemos ahora existía. Para que lo entendáis; pensad en una gran hoja de papel en blanco y en un rinconcito, una diminuta manchita verde.

En ese espacio, había árboles, árboles y más árboles por doquier, que entrechocaban sus ramas y por el nombre de cuyos frutos eran conocidos.

Estaba el Árbol de la Vida, que daba vida; el Árbol de las Tormentas, de cuyas ramas pendían rayos y truenos; el…

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ILUSTRADORES: ELENA GROMAZ BALLESTEROS

ilu de elena gromaz

A veces pasa que un amigo tiene otro amigo que cree que se llevaría genial contigo; más o menos esa es la historia de cómo Elena Gromaz y yo nos conocimos.

Yo tenía un cuento: Lobo y el Pedro, y Elena tenía una manera mágica de ilustrar (y adora a los lobos ¿Qué más podía pedir?) Martes de Cuento nos reunió y fue un flechazo (en lo artístico y en lo personal).

Desde entonces hemos decidido hacer pareja artística recurrente, como podéis comprobar en la publicación de ayer: Conn, el selkie.

Podría deciros muchas cosas sobre Elena como persona (que es más maja que las pesetas, que es una buscadora incansable de proyectos y que se ilusiona con el vuelo de una mariposa), pero hoy quiero hablaros de su trabajo como ilustradora, para que podáis disfrutar de sus dibujos (con artes tradicionales o digitales) a través de su web o su Behance, en el que descubriréis que no solo ilustra para niños, aunque le encanta.

Al margen de Elena, o de la persona que hay detrás de las manos de Elena, a mí me enamoraron sus líneas y sus colores. Ese desenfado que pone de buen humor con solo ver sus dibujos; no sé cómo consigue decir tanto con tan poco (aparentemente).

Hoy, dejaré que sean sus obras las que hablen por mí (y por ella), porque lo hacen de maravilla.

Daos un garbeo por su Facebook o su Pinterest. Os aseguro que saldréis con ganas de más.

DE CÓMO UN SALMÓN ME SALVÓ LA VIDA

Frente a las aguas tranquilas del río, día tras día, veía el salmón a aquella niña sentada sobre una roca y mirando el brillo del sol que se reflejaba en la corriente; ahora sí, ahora no. Nada tenía que ver con los chavales que agitaban el aire con sus gritos y chapoteos en las tardes de verano, ni tampoco con el alboroto que los perseguía cuando corrían por el prado. Ella miraba el agua y suspiraba, o, de cuando en cuando, tarareaba una canción hasta que uno de los chicos mayores la recogía; y así hasta el día siguiente en que volvía a dejarla en el mismo sitio mientras él se iba a jugar con los demás.

Los salmones son peces precavidos, pero también curiosos; después de varios días observando a la niña había descartado que su soledad tuviera que ver con los peligros de la pesca y empezó a compadecerse de ella. Tal era su sentimiento que se acercó al saliente.

—Niña bonita, ¿qué haces aquí tan sola?

—Esperar.

— ¿Por qué no juegas con los otros niños?

— Porque no puedo.

— ¿Acaso no te dejan?

—No, no puedo porque mis piernas no funcionan como las de los demás. — Levantó un poco su vestido enseñando sus rodillas. — Es por algo que me pasa aquí.

— ¡Qué triste!— exclamó el pez— Y ¿qué haces mientras esperas a que terminen de jugar?

—Observo, a veces canto, y aprendo cosas.

— ¿Como cuáles?

—Pues, el cambio de las hojas de los árboles según pasa el año; el comportamiento de los animales y, últimamente, a hablar con un salmón.

—Y ¿qué más?

—Nada más, desde aquí es todo lo que puedo ver. Y ya me he aburrido de buscar formas en las nubes.

— ¿Formas en las nubes?

—Sí. ¿Ves? Aquella parece un dragón, esa otra una oveja… pero no suelen parecer muchas más cosas.

—Son bonitas— dijo el salmón.

—Y tú ¿qué haces aquí? Tenía entendido que los salmones viajan mucho.

—Volvía al sitio donde nací, aunque creo que me he desviado del camino.

— ¿Vienes de muy lejos?

— De más allá del mar.

—Entonces habrás visto muchos lugares y gente.

—Pues sí, pero nunca conocí a una niña que no pudiera saltar o correr. Sí conocí a un anciano, era tan viejo que sus piernas casi no le sostenían y se sentaba en un tronco a la orilla del mar todas las mañanas.

— Y ¿qué hacía allí?

—Lo mismo que tú, supongo.

— ¡Qué pena!

—No creas, estar ahí sentado no parecía molestarle demasiado.

—Se habría acostumbrado. A mí me pasa.

—También había veces que un montón de niños se sentaba con él para escuchar lo que el anciano decía.

— Y ¿no corrían ni jugaban con la pelota?

—Cuando el anciano hablaba no, se quedaban callados y a él se le veía muy feliz.

—Y ¿qué les contaba?

Salmón relató a la niña todos los cuentos y leyendas que le había oído al viejo y, de paso, algunas más que sus viajes por el océano le habían dejado conocer. Y así un día tras otro hasta la última de ellas.

—Como ves— dijo una vez hubo terminado—, hay otras formas de aprovechar el tiempo que corriendo y saltando, y, a veces, tener que permanecer sentado no es tan malo si sabes qué hacer.

La niña asintió convencida de que todo podría ser distinto a partir de ese momento.

—Yo ya me tengo que ir— dijo el salmón—. Me he entretenido mucho y no quiero llegar tarde a mi lugar de nacimiento.

Y, con un golpe de cola, se despidió de la niña y siguió su camino río arriba.

Cuando, unas semanas después, volvió a bajar por la corriente, se alegró al descubrir que la niña que no podía jugar, correr, saltar ni bailar, ya no estaba sola; sus amigos la rodeaban ensimismados, atentos a lo que ella contaba, que no era otra cosa que las historias que le había oído al salmón; y se puso muy contento.

Decidió en ese momento seguir recopilando cuentos y leyendas, incluso se le ocurrió pedirle al resto de salmones que hicieran lo mismo y así, cuando volvieran a pasar por allí, podrían contárselas a la niña porque, aunque jugar, correr y saltar es muy divertido, siempre harán falta personas que cuenten cuentos.