Calentamiento global


En primavera secaba pétalos de flores entre las hojas de cuadernos usados.
Se afanaba en recoger conchas en verano, guardándolas con cuidado en su saquito de arpillera.
Cuando llegó el otoño, y se encontró aquellas dos bellotas unidas por sus sombreritos, quiso guardarlas también, en una cajita de cedro.
Para cuando el invierno apareció, con su genio cambiante y frío, se vio en la tesitura de buscar un sitio donde almacenar los copos de nieve y el viento del norte.

Por la noche devoraba los cadáveres de los incautos que, durante el día, habían cedido al brillo seductor de su sonrisa.
Microrrelato incluido en la II Antología Microterrores de Diversidad Literaria
Hay quien tiene mala fama, pero la culpa no es suya, sino de lo que se dice. Así que mucho ojo y a pensarlo muy bien antes de hablar mal de los demás. Nunca sabemos qué terribles consecuencias pueden acarrear nuestras palabras.
a través de Lobo y el Pedro — Martes de cuento

Hablar del blog (en inglés) Edge of Humanity Magazine, no es hablar de una revista de fotografía, es hablar de las mil historias que encierran los posts dedicados a diferentes artistas, tendencias, experimentos fotográficos y a cómo se puede retratar un estilo de vida con una cuidada selección de imágenes.
Lo que más me llamó la atención de este proyecto fue la sensibilidad de sus temas, que van desde retratos a paisajes, muchos de ellos con un alto contenido social. Son, sin duda, una ventana al mundo; no solo a los instantes recogidos, sino a las vidas de aquellos que aparecen en las fotos y también de aquellos que decidieron mostrárnoslas.
Por si esto fuera poco y, al margen de la vertiente más visual de la revista, dedican toda una sección a la poesía, en forma de Haiku.
Os recomiendo encarecidamente que visitéis su página: Edge of Humanity Magazine

Amaneció con niebla, lo normal por estas fechas, y nadie se atreve a cruzar esta cortina blanca y helada que se pega a las pestañas así que, aquí sigo, solo con mi nostalgia; pero, esperad, me parece que… no, no puede ser, hace años que no escuchaba este sonido.
Empieza como un rumor lejano y lo único que notas es un ligero cosquilleo en la arena muy ligero; nada que ver con la firmeza de las primeras mañanas de septiembre, cuando conducen los novillos hacia el pueblo; tampoco se parece al temblor de la arena bajo las ruedas del tractor, ni al rasgar alegre de las bicicletas infantiles que invaden esta zona en verano. No, no es igual.
Este es una caricia leve, pausada, que se hace esperar, algo que me parece imposible hoy.
Sin embargo, aquí está, como antaño, trayendo un olor rancio y vetusto casi como la costumbre de la que procede.
Me niego a creer lo que oigo, lo que huelo, lo que siento, pero pronto, entre la humedad visible, aparecen sombras blancas y, por si no estuviera claro ya, un balido.
Por fin he dejado de estar solo, por fin, por la cañada, llegan los rebaños.
