CATÁSTROFE


Estaba herido por mil rasguños profundos como escaras y líneas amoratadas surcaban su superficie, vestigios de la guerra sin vencedores ni vencidos.
Garabatos sin sentido se agolpaban en sus límites, fuera de lugar, incoherentes. Hasta cicatrices sobre cicatrices, que intentaban corregir una herida anterior que no cuadraba con el resto.
Parecía mentira que aquella masacre fuera el aspecto físico de algo tan bello como un relato sobre la inmortalidad del amor.


Diez días con sus diez noches pasó el trovador a los pies de la torre.
La princesa, incapaz de soportar un minuto más los gañidos desafinados de su admirador, puso aceite a hervir.




A mí,
que las lunas no me alcanzan
para besarte los párpados.
A mí,
que se me hielan las plantas de los pies
mientras te busco.
A mí,
que se me desgarran los quejidos
de gritar tu nombre.
A mí,
no me queda nada más que tú.