Canto de esperanza

El pueblo se levantó en armas y rodaron las cabezas,
fueron tres para ser exactos, pero no las que debieran.
Hoy, 23 de abril, más cabezas pueblan las puertas
de Villalar de los Comuneros y, aunque ninguna rueda,
cantan todas a coro: “1521, en abril para más señas.”

Bibliófilo

Aquel salmón buscaba con empeño la sabiduría en los libros, pero su afición pronto le planteó un serio problema: viviendo en un río, todo lo que leía se convirtió en papel mojado.

 

Naufragio

Esta es mi propuesta para el reto 5 líneas de http://adellabrac.blogspot.com.es/


Solía coleccionar ramas huecas y conchas de almeja como si fuera un niño que ve el mar por vez primera. Decía que eran la esencia de los años que él y su tripulación pasaron alejados del mundanal ruido, a la espera de ser rescatados de aquella isla desierta a la que una tormenta traicionera les había arrastrado, y de la que, ahora se daba cuenta, nunca quiso salir.

Soluciones inocentes

La niña corrió por toda la casa, buscando a su madre, desesperada.
— ¡Mamá! ¡Mamá! Me deshago, mamá. Tienes que coserme.
— ¿Cómo coserte?
— Sí, mamá, como hiciste con mi conejito de peluche. Mira.— Se levantó la camiseta para enseñarle una pelusilla que tenía en el ombligo.— A mí también se me está saliendo el rellenito.

Leer los posos

Buscó el reflejo imaginario de su mirada castaña en el fondo de una taza de té. Era un lugar insólito para guardar cosas, pero tan bueno como cualquier otro.

Y, contra todo pronóstico, la encontró.

HER

Se acercó con cuidado, como le habían dicho, a aquel bulto berreón, que mostraba su carita amoratada por el llanto entre la manta que la cubría.
A ella, a pesar de su nula experiencia y corta edad, le pareció el bebé más bonito del mundo; después de todo, se trataba de su hermana.

Para la hermana más bonita del mundo en el día de su cumpleaños.

St. Patrick’s Day

Trenzó flores de trébol en su pelo y vistió sus mejores galas; el día había amanecido verde y con niebla, como debía ser.

Dejó la ofrenda a los duendes en el alféizar de la ventana y se fue a trabajar con la esperanza de que, cuando regresara a casa, aquellos traviesos seres le hubieran devuelto su arpa dorada.

La pequeña milesia

A mi pequeña milesia un día le salieron alas con las que cruzar el charco, y se angustiaba pensando en qué encontraría al otro lado. De repente, tras toda la vida soñando con volar, le asustaba perder el contacto con el suelo.

Logró recordar que, llegado su momento, a todos los milesios les salían alas, y decidió entonces ir pisando sobre sus huellas invisibles, siendo más que nunca sus raíces, prestas a cumplir con un destino escrito a medias.

Mi pequeña milesia estiró sus alas tanto como pudo, las batió una vez, dos; es difícil volar cuando nunca lo has hecho. Se elevó un poco sobre el suelo, y dejó que el viento se colara entre las plumas y el sol brillara en su cara. Miró hacia lo lejos, al otro lado del océano, las alas siempre estiradas.

Pensó en que todo pájaro termina por posarse en tierra firme, y su mutación ya no le pareció tan terrible.


 

A mi pequeña Aída, allende el mar.