EUREKA

Después de un día en los que uno preferiría no haber salido de la cama, llenó la bañera y se sumergió en ella.

Al ver cómo el agua que desalojaba su cuerpo era directamente proporcional al nivel de frustración que la sacudía, no pudo más que empezar a sentir admiración por la Física, aunque ella siempre hubiera sido de letras.

 

 

ESCALA DE GRISES

¿No sabes

que esa no es tu sombra?

—Me dijo —

¿No ves cómo dibuja peces rubicundos

en vez de melancolías rotas?

¿Cómo destila olor a hierba recién segada?

Lo sé.

—Le dije con un nudo en la garganta. —

Que la mía solo es gris;

nada del azul de los reflejos,

nada de plata.

Solo una triste sombra

de una mujer que no es nada.

DE LO QUE QUISE SER

Veterinaria, Coleta la Poeta, maestra, y El Principito; y domadora de caballos, y una mezcla de Attenborough y Cousteau.

Bella Durmiente jamás, a pesar de mi nombre.

Periodista, cantante, historiadora del arte; reina mora, princesa de Irlanda, mariposa. Criadora de avestruces, cuidadora de ñus; descubridora de estrellas. Costurera, arquitecta, profesora de Literatura y aventurera en mi salón. Sheriff en el Oeste, nativo americano, yak.

Nada de damisela en apuros.

Vendedora de regalos, tejedora, física teórica. Madrastra de Blancanieves, y uno de los tres ositos. Cultivadora de lechugas, y maragata, y acantilado. Sueño hecho realidad, pesadilla antes de Navidad, olmo viejo. Biólogo marino, tiburón martillo u oso polar. Calcetín huérfano, gorro en invierno, beso bajo el muérdago, hoz de oro. Bibliotecaria, Guttenberg, Tolkien.

Hermione Granger, y no miento, ya fui.

Agente secreto, pastora y carnero. Taquígrafa, traductora y responsable de planta en un hotel. Funcionaria, patinete, salmón en un mundo sin redes. Eremita, pensadora, dueña de galería de arte. Guía turístico, maquinista de tren y cochera de diligencia.

Negra, pelirroja, esbelta. (No todo a la vez).

Amiga de mis amigos, paje real y patinadora sobre hielo. Pluma de abanico, cosquilla en la nariz. Cielo de tormenta y sol de septiembre. Roca malherida, yedra trepadora, poetisa. Personaje sin cuento. Y, al final, simple escritora.

DE COSAS QUE SE PIERDEN

Abrazó la oxidada caja de galletas, última morada de todos los botones huérfanos que un día sirvieron en la casa. Quizá dentro se escondiera un corazón, pues el suyo se perdió entre los bordados de su traje de novia.

No tuvo valor para dejar plantado ante el altar al prometido que sus padres escogieron y marcharse con el mozo de caballos, más cariñoso y apuesto.

Ilustradores: Sara Fratini

Hablar de Sara Fratini es fácil y complicado al mismo tiempo. Me consta que es una artista reconocida a nivel mundial, pero eso no quita para que sea una persona cercana. Pertenece a esa generación de ilustradoras que se han abierto camino en los últimos años, cuyos trabajos se hacen reconocibles en un instante, como Agustina Guerrero, Pedrita Parker, Ana Belén Rivero, Moderna de pueblo, Ana Oncina… A algunas las conoceréis seguro, y si no, calma, que ya os hablaré de ellas.

Sara me tiene fascinada desde hace mucho tiempo. Sus protagonistas, aparentemente sencillas y reales, suelen cautivar a muchas mujeres, no sé si porque se sienten identificadas o porque su sencillez deja que nos centremos en cómo son por dentro. Sí, por dentro. Echadle un ojo a sus libros sobre Martina y entenderéis lo que os digo.

Son ilustraciones en blanco y negro, si acaso una pincelada de rojo en las mejillas o los labios, pero no falta el color; de hecho, hasta jurarías que están hechas a todo color. Tal es la magia de Sara. Con cualquiera de las viñetas en su Instagram, el espectador se ve reflejado.

Sin embargo, desde mi punto de vista, puede que su mejor trabajo sean los murales. Paredes enteras con sus personajes, con su mundo, que no deja de ser el de todos y cuyo talento contribuye a hacerlo un poco mejor.

Podéis seguir su trabajo en la web de Sara Fratini, o en cualquiera de sus perfiles sociales (Facebook y Twitter).

Estoy convencida de que no os dejará indiferentes.

 

 

 

 

 

17 de octubre Día de las escritoras

Ellas y nosotras, las de entonces y las de ahora, somos maquilladoras de letras, tejedoras de palabras y contadoras de historias, pero la Historia, tristemente, no nos ha tratado igual que a nuestros compañeros masculinos. Esto no va a convertirse en un alegato feminista (o sí), no suelo estar a favor de utilizar un solo día para hacer visible a un colectivo o un problema, pero se trata de eso: VISIBILIDAD.

En un mundo gobernado por hombres, con una Historia divulgada por hombres, el ninguneo del papel femenino ha llegado incluso a las artes, esas hijas supuestamente libres y sin prejuicios del intelecto. ¿Sabíais que muchas escritoras tuvieron que adoptar pseudónimos masculinos para ver publicados sus trabajos? O, lo que es peor, ¿dejar que sus maridos o hermanos fueran la cara visible y, por supuesto, se atribuyeran la autoría de sus relatos?

En realidad no hemos avanzado gran cosa. A día de hoy, muchas escritoras son empujadas a utilizar iniciales para esconder su género (no lo digo yo, es una recomendación muy extendida entre los consejos para autores noveles), pensad en J.K. Rowling. La excepción, y no es gran consuelo, son las novelas románticas, ahí sí es preferible firmar como mujer, como si ese fuera el único estilo en el que podemos desenvolvernos con facilidad; o, por supuesto, si la autora ya tiene un nombre y prestigio como profesional en otro campo (mantendré al margen los productos de marketing y chabacanerías varias, estoy hablando de Literatura).

Por eso, el día de hoy, no es una reivindicación por nuestro derecho a escribir (lo hacemos continuamente, desde que el mundo es mundo, o la escritura es escritura) sino por la visibilidad, para dejar de ser ignoradas en los libros de texto (extensible a científicas, matemáticas, pintoras, inventoras…)

Y, para contribuir a la visibilidad de mis predecesoras, comparto varios enlaces en los que podréis descubrir más sobre ellas, sobre su obra, sobre su mera existencia porque están ahí. Obviamente no están todas, pero por algo hay que empezar.

Biblioteca Nacional de España

Librópatas: Las españolas nominadas al Nobel de Literatura

Ortografía y Literatura: 80 libros de mujeres escritoras

Y, ya puestos, os insto a que leáis a todas esas compañeras de letras que comparten su trabajo en las redes, a través de blogs, en Twitter, en Facebook o en Instagram donde, por fortuna, parece que lo del género ya va perdiendo importancia, quizá porque lo último que vemos es el autor.
Y, por supuesto, se admiten recomendaciones.