Añoranza Inconclusa I

Ya te estoy echando de menos

y aún no te has ido;

sólo noto el frío de tu ausencia,

un hueco en blanco en el escenario,

el vacío de tu voz en el aire,

el nihilismo de tu mirada en un retrato,

la falta de tu nombre en el papel.

Y, de todo, lo que más me duele,

es tu no ser parte de mi vida,

esa huida a lo cobarde

de la última oportunidad, la mía,

para dar lo que te debo:

media vida, una sonrisa,

y un alma eterna que te espera,

otra vez.

Tus mil tú

Al pirata de mis noches,

de mis sueños caballero,

vampiro de mis ilusiones,

cowboy de todos mis besos.

Capitán de mis entrañas,

faraón de mis anhelos,

pianista de mis tristezas

y, al fin, voz de mis desvelos.

De inesperados

Dame tu alma,

recuerda mi cuerpo

en un campo de amapolas

soleado al nacer.

Todo tiene sentido

ahora que te veo.

 

Locura me provocas,

lo siempre menos pensado

en el ocaso del mundo.

PAUSA

Sentí el sol sobre mis mejillas
y su caricia etérea en llamas
encendió la luz de mis ojos.
Respiré tan hondo que estallé
de aire lleno de aromas
a saúco y madreselva,
a musgo.
No soporté la presión de las hojas
que se acunaban en el viento
a mi alrededor,
riendo alegres mi desgracia.
Y lloré desconsolada, como siempre,
sin más pañuelo que un tronco
lleno de liquen y estrellas muertas.
Un rayo de luna rozó mis dedos
como un puñal buscando herida
y se hundió en mi pecho,
tan profundo que no dolió;
y al salir liberó un corazón negro
brotando sangre de plata.