EN LAS AFUERAS

Hace tiempo que no traigo, y tú llevas tres candelas.

Atraviesas esos lares de ciénagas en penumbra

y no sé si todos los fangos y las ranas cantarinas

saben de tu presencia

Anoche estuve rondando por las puertas del Infierno

y no me abrían;

probé en las del Cielo y me quedé en el quicio,

sentada fuera de mí,

fuera de ella.

Y, a lo largo del camino, la sola luz de tus tres candelas.

DE PROMESAS Y AMENAZAS

¿Y si te dijera que ya no quiero verte?

¿Qué harías?

A veces siento que mi corazón y mi alma

son de mundos diferentes

y tengo ganas de romperlos

a ambos, los dos.

¿Y si hoy dijeras que ya no quieres verme?

¿Qué haría?

Seguramente, romperlos

a ambos, los dos,

e intentaría ser feliz con otros comprados,

vendiendo los míos

al mejor postor.

ESCALA DE GRISES

¿No sabes

que esa no es tu sombra?

—Me dijo —

¿No ves cómo dibuja peces rubicundos

en vez de melancolías rotas?

¿Cómo destila olor a hierba recién segada?

Lo sé.

—Le dije con un nudo en la garganta. —

Que la mía solo es gris;

nada del azul de los reflejos,

nada de plata.

Solo una triste sombra

de una mujer que no es nada.

A MÍ

A mí,

que las lunas no me alcanzan

para besarte los párpados.

A mí,

que se me hielan las plantas de los pies

mientras te busco.

A mí,

que se me desgarran los quejidos

de gritar tu nombre.

A mí,

no me queda nada más que tú.

COSAS QUE PASAN CUANDO ESCRIBES

En la mesa de un escritor

siempre encontrarás papel , boli,

poca comida y un termo lleno;

servilletas, cuadernos,

plumas de tinta y sus tinteros;

poco tiempo, silencio,

motas de polvo sobre los anhelos.

En casa de un escritor nunca faltan

ni velas ni recuerdos.

libros nuevos, libros viejos,

libros que serán,

y libros que nunca fueron.

Y así va el pobre dueño:

con la cabeza a pájaros

y los pies a diez centímetros del suelo.

JURAMENTO

Reinventaré los caminos

que hace siglos escribí

por las sendas de tu cuerpo.

Borraré todas las huellas

que otras amantes dejaron

a lo largo de este tiempo.

Pisaré aún más fuerte

para llegar hasta los huesos,

tatuarte mis caricias

y hechizarlas con mis besos.

Y si algún día llega otra,

los taparé con las ramas

de las llamas del infierno.

Así llevarás escrito

en la piel y hasta los tuétanos

que no hubo mujer terrena

que te hiciera sentir esto.

DE LEVANTARSE

Levantarme

de las hostias contra el asfalto

de los altos y los bajos.

Alzar la vista

soltar las manos;

romper el silencio

con canciones del verano

y gritar,

gritar muy alto

porque duele,

porque sí,

porque me lo he ganado;

por mis rodillas raspadas

y los chinarros clavados en mis manos.

Porque decirte “adiós”

no fue tan duro

si no fuera por ese fantasma

que dejó tu abrazo.