TATUAJE
Dejó que escribieran en su piel las historias de cada batalla ganada y cada suspiro de darse por vencida, solo para recordar que, aquella herida, no era nada comparada con las invisibles que tenía repartidas por la memoria.
Microliteraturas en menos de 300 palabras
Dejó que escribieran en su piel las historias de cada batalla ganada y cada suspiro de darse por vencida, solo para recordar que, aquella herida, no era nada comparada con las invisibles que tenía repartidas por la memoria.
Llene la taza de agua bien caliente.
Sumerja la bolsa, e infusione al gusto.
Sírvase media cucharada de azúcar o miel.
Coloque los pies en alto.
Deje que el sonido de la lluvia penetre en sus oídos.
Abrazó la oxidada caja de galletas, última morada de todos los botones huérfanos que un día sirvieron en la casa. Quizá dentro se escondiera un corazón, pues el suyo se perdió entre los bordados de su traje de novia.
No tuvo valor para dejar plantado ante el altar al prometido que sus padres escogieron y marcharse con el mozo de caballos, más cariñoso y apuesto.
Vivía en almohadas de plumas; gustaba de acunar niños y devolver la ilusión a los adultos; pero era tan frágil, que cualquier ruido lograba inquietarlo hasta dejarlo inerme sobre las sábanas.
Como cualquier héroe, Sueño tenía archienemigos llamados Despertador y Baño de Realidad.
El puente de plata resultó inútil. Debió tenerlo en cuenta cuando descubrió que su enemigo era un hombre lobo.
Ahora estaba desperdiciando un tiempo precioso en construir otro de madera que permitiera al licántropo alejarse de ella.
En primavera secaba pétalos de flores entre las hojas de cuadernos usados.
Se afanaba en recoger conchas en verano, guardándolas con cuidado en su saquito de arpillera.
Cuando llegó el otoño, y se encontró aquellas dos bellotas unidas por sus sombreritos, quiso guardarlas también, en una cajita de cedro.
Para cuando el invierno apareció, con su genio cambiante y frío, se vio en la tesitura de buscar un sitio donde almacenar los copos de nieve y el viento del norte.
Por la noche devoraba los cadáveres de los incautos que, durante el día, habían cedido al brillo seductor de su sonrisa.
Microrrelato incluido en la II Antología Microterrores de Diversidad Literaria

Y la columna de granito, tras siglos de cargar con el peso de la catedral sobre sus hombros, se descubrió una mañana incipiente tallo verde en medio de un bosque.
Y le gustó.
Cuando descubrió que el vecino del primero se había afeitado la barba, él, aún viviendo en el quinto, se vio en la obligación de comprar una palangana por si llegaba la hora de poner la suya a remojo.