MIDAS

Había dado con la fórmula para convertir cualquier materia en agua potable y, aún así, estaba frustrado.

Después de décadas intentando transformar los cantos rodados en lingotes de oro, todo lo que tocaba se convertía en agua.

Quizá hubiera valorado más su descubrimiento si hubiese quedado una sola pared de su laboratorio en pie, pero tras la gran mutación química, cuando cerró la puerta, lo que antes había sido su orgullo se convirtió en un enorme charco.

NUBERU

La noche se vio envuelta en un repentino estallido, un crujido seco que logró sacar del más profundo sueño a cualquiera en kilómetros a la redonda.

Después del golpe, un silencio tenso, roto por un chasquido si cabía más fuerte que el anterior.

Un viento salido de la nada agitaba las persianas, colándose bajo ellas y empujando hacia fuera como si quisiera arrancarlas; después llegó el agua, acariciando los cristales de galerías y terrazas, pero no era lluvia, no, era la espuma del mar; pequeñas partículas de hidrógeno y oxígeno mezcladas con sal que se veían arrastradas por la violencia de la galerna.

Quien se despertó, incapaz de seguir en la cama mientras el mundo rugía fuera, y se aventuró a salir a la calle, pudo verlo con claridad: el mar levantaba su furia blanca sobre playas y paseos, engullendo todo a su paso, al menos al principio, para dejar emerger de entre la espuma peñascos y faros que permanecían en su lugar como si no hubiera pasado nada.

Y hubo quien juraba, a pesar de que pareciera una locura, que vio entre las olas, los remolinos y la espuma, a un viejo tocado con un raído sombrero y que, con sus manos, ordenaba mecer al agua y soplar al viento.

No mentían, detrás de aquella tormenta, habían conocido al Nuberu.

RESEÑAS Y ENTREVISTAS septiembre 2017

Hola a todos, el mes de septiembre ha sido muy especial en muchos aspectos, pero la «vuelta al cole» ha traído (entre otras cosas) dos publicaciones muy especiales sobre mi libro de relatos Lo que las piedras callan

David Rubio, a través de su blog Relatos en su tinta, inauguró dos nuevas secciones (una de reseñas y otra de entrevistas) y me concedió el honor de estrenarlas. Como siempre os recomiendo leer el blog de David entero, porque no tiene desperdicio.

Gracias, David, por crear contenidos interesantes y por dejar que nos conozcamos un poco más.

Aquí os dejo los enlaces:

Con tinta propia, reseña de Lo que las piedras callan de Aurora Losa dentro del nº1 de En tinta viva

Entintados: entrevista a Aurora Losa y cuestionario de Proust

Además, las chicas del videoblog Amantes Literarias, booktoubers a tener en cuenta, con una simpatía sin igual, hicieron reseña de lo que les pareció Lo que las piedras callan. No os perdáis su canal de Youtube, porque saldréis con más de un título en la lista de «proximo libro a comprar».

Amantes Literarias: reseñas del 24 de septiembre de 2017

Gracias, María y Teresa por vuestro esfuerzo y vuestra simpatía.

HERIDAS DE GUERRA

Estaba herido por mil rasguños profundos como escaras y líneas amoratadas surcaban su superficie, vestigios de la guerra sin vencedores ni vencidos.

Garabatos sin sentido se agolpaban en sus límites, fuera de lugar, incoherentes. Hasta cicatrices sobre cicatrices, que intentaban corregir una herida anterior que no cuadraba con el resto.

Parecía mentira que aquella masacre fuera el aspecto físico de algo tan bello como un relato sobre la inmortalidad del amor.

EL CONEJO QUE VIVÍA EN UNA BIBLIOTECA

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Para Piccola Pi, que dio la bienvenida al otoño y se despidió de nosotros.

 

Después de toda una vida saltando y escarbando, la coneja blanca y peludita, se hizo mayor. Ya no corría, ya no saltaba y, de lo de escarbar, se cansaba enseguida. Apenas quería salir de su jaula, y sus dueños, pensando en darle algo que hacer, colocaron su casita en la biblioteca.

Su nombre matemático de decimales infinitos podría no haber encajado entre tantas palabras, o sí, teniendo en cuenta que, antes que una sucesión de cifras detrás de una coma, aquel nombre había sido una simple letra que los antiguos griegos llamaban Pi.

La edad se encargó de despejar los pelitos que le tapaban los ojos y ella, muy contenta, empezó a leer cada libro; cuidaba de que la novela histórica no se mezclara con la de misterio, ni la romántica con el humor.

Su estantería favorita era la que guardaba los libros raros y especiales, porque, con ellos, aprendió idiomas y cuentos de todo el mundo; incluso conoció a otro conejo blanco con chaleco y reloj de bolsillo que siempre tenía prisa.

Así hizo una nueva rutina, más descansada; roía y leía, roía y leía… Roía las delicias que sus dueños le ponían y leía embelesada los libros. Ojo, no al revés.

Había gente que sentía lástima de la coneja, porque no salía de la biblioteca, pero ella ya había corrido fuera y ahora tenía toda una galaxia por la que viajar sin moverse de su jaula.

EUREKA

Después de un día en los que uno preferiría no haber salido de la cama, llenó la bañera y se sumergió en ella.

Al ver cómo el agua que desalojaba su cuerpo era directamente proporcional al nivel de frustración que la sacudía, no pudo más que empezar a sentir admiración por la Física, aunque ella siempre hubiera sido de letras.