Rapunzel

No se trataba de un cuento de príncipes y princesas, de hadas madrinas y dragones carceleros; se trataba, simplemente, de la magia de sus ojos castaños y la torre prisionera de su sonrisa.

Descolgado

Pendía de su cable como el signo que abre una interrogación, hasta que un alma caritativa lo cogió con dulzura y, al ver que nadie respondía al otro lado, colgó.

De inesperados

Dame tu alma,

recuerda mi cuerpo

en un campo de amapolas

soleado al nacer.

Todo tiene sentido

ahora que te veo.

 

Locura me provocas,

lo siempre menos pensado

en el ocaso del mundo.