Cosecha anual

En primavera secaba pétalos de flores entre las hojas de cuadernos usados.

Se afanaba en recoger conchas en verano, guardándolas con cuidado en su saquito de arpillera.

Cuando llegó el otoño, y se encontró aquellas dos bellotas unidas por sus sombreritos, quiso guardarlas también, en una cajita de cedro.

Para cuando el invierno apareció, con su genio cambiante y frío, se vio en la tesitura de buscar un sitio donde almacenar los copos de nieve y el viento del norte.

RELOJ DE SOL

No usaba calendario, le bastaba con los brotes en las macetas y el pedacito creciente de patio que el sol robaba a las sombras en su camino inevitable hacia el verano.

DE HABITÁCULOS INMUNDOS

Le escocían los ojos, hartos ya de la luz mortecina de los fluorescentes y el ambiente cargado de una estancia que parecía hecha dentro de una pirámide, en la que apenas dos veces al año, por un agujerito, entraba el sol.

Dio el último sorbo a su taza de té y estiró los brazos.

A través de la ventana veía el danzar de nubes oscuras a favor de un viento desesperado por barrer el mundo.

Apagó la pantalla del ordenador, cogió su chaqueta del respaldo de la silla y salió a la calle, a que le diera el otoño.

Calenda

Se me agostan las palabras

Entre junios y mayeos,

Traigo septiembre loco

Y un abril de ojos sin dueño.

Se me ha fugado diciembre

Acosado por enero.

Los noviembres se me esconden

Y el octubre tengo seco.

Leí que marzo se deshizo

En flores rojas por febrero,

Y este julio de ilusiones

Se me antoja campo yermo.