Caracoles

A Paco le gustaban los caracoles casi tanto como los chatos de vino los domingos a mediodía; de hecho, cualquiera que le conociera un poco, sabía que en el bar había una banqueta de honor para él cuando llegaba la temporada de este molusco.

Puede que por eso algunos empezaran a oír las trompetas del Apocalipsis el día en que Paco rechazó la cazuelita y pidió, en cambio, una ensalada sin aliñar.

Ni se le exigieron explicaciones, ni él las dio.

Paco soñó una noche que era caracol, con tal nitidez y realismo, que no pudo menos que tenerse por congénere de aquellos a los que hasta entonces había devorado con fruición.

Cuaderno de Bitácora

Nao Santa María, en algún momento previo al día 12 de octubre del año de Nuestro Señor 1492.

-Almirante Colón, creo que nos hemos desviado del rumbo.

-Pues dile al Pinzón mayor que busque en el Google Earth dónde cae América y la ruta más corta.

-¿Sin peaje, mi Almirante?

– Alonso, Alonso, ¡qué hartito me tienes!

Cuenta atrás (fotomicro)

Este viernes inauguro la especie literaria que he bautizado como «fotomicrorrelatos»

¿Qué es un fotomicro? Pues se trata de un microrrelato en una imagen, tan simple como eso. Y «Cuenta atrás» tiene el honor de abrir esta nueva forma de presentar los textos.

cuenta atras

La empresa de Desdichado Salmón

Desdichado Salmón terminó su remonte en la poza que le vio nacer; miró a su alrededor y, a pesar de los recuerdos, a pesar de la morriña que había sentido durante dos años en el ancho mar, empezó a creer que aquel destino no era para él.

Desovó, pues no tenía más remedio, y se notó cansado; así que replegó las aletas y se dejó llevar corriente abajo, haciendo caso omiso de los congéneres con que se cruzaba y que le insistían entre burbujeos: “Por ahí no es.“

En una cascada (la primera según miras hacia la costa, la última si vienes del mar) vio el enorme y peludo trasero de un oso pardo que esperaba con las fauces abiertas la llegada de otros peces, desconocedor de la rebeldía de Desdichado Salmón que, de hambre que tenía, se comió al plantígrado de un bocado y siguió río abajo, ahora con la panza llena y con menos ganas aún de morirse.

Deshecho casi todo el camino, al llegar a esa frontera en la que el agua no está tan dulce como para hacer café ni tan salada como para guisar lentejas, Desdichado Salmón montó un chiringuito en el que atender a los salmones que bajaban de alevines y remontaban de adultos.

Y así es como logró sobrevivir a su naturaleza: trabajando dos temporadas al año y dándose la vida padre.

NO ES TAN FIERO EL LEÓN…

Había sido uno de sus mejores posados; con gesto terrible, todos los dientes a la vista y su melena al viento.

La cámara le quería.

Se bajó de la peana y regresó a su jaula; solo quería degustar con tranquilidad el filete de carne roja que le esperaba en una esquina.

Ser modelo para la Metro Goldwin Mayer era un trabajo agotador, pero tenía sus recompensas.

Los siete lobitos

La cabra asomó la patita por debajo de la puerta, como le habían pedido los siete lobitos. Cuando Mamá Loba volvió a casa, la cabra se había comido todas las latas de conservas, las cajas de cereales y hasta las sábanas tendidas.