Caracoles

A Paco le gustaban los caracoles casi tanto como los chatos de vino los domingos a mediodía; de hecho, cualquiera que le conociera un poco, sabía que en el bar había una banqueta de honor para él cuando llegaba la temporada de este molusco.

Puede que por eso algunos empezaran a oír las trompetas del Apocalipsis el día en que Paco rechazó la cazuelita y pidió, en cambio, una ensalada sin aliñar.

Ni se le exigieron explicaciones, ni él las dio.

Paco soñó una noche que era caracol, con tal nitidez y realismo, que no pudo menos que tenerse por congénere de aquellos a los que hasta entonces había devorado con fruición.

7 pensamientos en “Caracoles

  1. ¡Caracoles! Siempre dije “amo a los animales” pero bien que me los “hartaba”, hasta que un día caí enferma por un mes. Y oh sorpresa, al recuperarme creí que todo estaría bien, hasta que volví a comer carne… Y es que a lo mejor me he puesto la piel, la pluma, la concha encima, porque la carne de res me da dolor de estómago, de cerdo me malea la digestión, el pollo me da dolor de cabeza y los crustáceos me dan alergia. Así que pobre pescado… Pero lo que me ha gustado es esto, podemos renunciar a la costumbre, al gusto y hasta la pasión cuando nos ponemos en las “patas” de otro (no se que tienen los caracoles…deslizadores?).

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