ESCALA DE GRISES

¿No sabes

que esa no es tu sombra?

—Me dijo —

¿No ves cómo dibuja peces rubicundos

en vez de melancolías rotas?

¿Cómo destila olor a hierba recién segada?

Lo sé.

—Le dije con un nudo en la garganta. —

Que la mía solo es gris;

nada del azul de los reflejos,

nada de plata.

Solo una triste sombra

de una mujer que no es nada.

A MÍ

A mí,

que las lunas no me alcanzan

para besarte los párpados.

A mí,

que se me hielan las plantas de los pies

mientras te busco.

A mí,

que se me desgarran los quejidos

de gritar tu nombre.

A mí,

no me queda nada más que tú.

JURAMENTO

Reinventaré los caminos

que hace siglos escribí

por las sendas de tu cuerpo.

Borraré todas las huellas

que otras amantes dejaron

a lo largo de este tiempo.

Pisaré aún más fuerte

para llegar hasta los huesos,

tatuarte mis caricias

y hechizarlas con mis besos.

Y si algún día llega otra,

los taparé con las ramas

de las llamas del infierno.

Así llevarás escrito

en la piel y hasta los tuétanos

que no hubo mujer terrena

que te hiciera sentir esto.

DE LEVANTARSE

Levantarme

de las hostias contra el asfalto

de los altos y los bajos.

Alzar la vista

soltar las manos;

romper el silencio

con canciones del verano

y gritar,

gritar muy alto

porque duele,

porque sí,

porque me lo he ganado;

por mis rodillas raspadas

y los chinarros clavados en mis manos.

Porque decirte “adiós”

no fue tan duro

si no fuera por ese fantasma

que dejó tu abrazo.