ESCALA DE GRISES

¿No sabes

que esa no es tu sombra?

—Me dijo —

¿No ves cómo dibuja peces rubicundos

en vez de melancolías rotas?

¿Cómo destila olor a hierba recién segada?

Lo sé.

—Le dije con un nudo en la garganta. —

Que la mía solo es gris;

nada del azul de los reflejos,

nada de plata.

Solo una triste sombra

de una mujer que no es nada.

A MÍ

A mí,

que las lunas no me alcanzan

para besarte los párpados.

A mí,

que se me hielan las plantas de los pies

mientras te busco.

A mí,

que se me desgarran los quejidos

de gritar tu nombre.

A mí,

no me queda nada más que tú.

JURAMENTO

Reinventaré los caminos

que hace siglos escribí

por las sendas de tu cuerpo.

Borraré todas las huellas

que otras amantes dejaron

a lo largo de este tiempo.

Pisaré aún más fuerte

para llegar hasta los huesos,

tatuarte mis caricias

y hechizarlas con mis besos.

Y si algún día llega otra,

los taparé con las ramas

de las llamas del infierno.

Así llevarás escrito

en la piel y hasta los tuétanos

que no hubo mujer terrena

que te hiciera sentir esto.

DE LEVANTARSE

Levantarme

de las hostias contra el asfalto

de los altos y los bajos.

Alzar la vista

soltar las manos;

romper el silencio

con canciones del verano

y gritar,

gritar muy alto

porque duele,

porque sí,

porque me lo he ganado;

por mis rodillas raspadas

y los chinarros clavados en mis manos.

Porque decirte “adiós”

no fue tan duro

si no fuera por ese fantasma

que dejó tu abrazo.

DE CONJUGAR

Quizá quieras,

quizá puedas;

quizá no debieras.

Si no quieres

pero puedes,

no debiste.

Y, aunque debieras,

si pudieras,

no querrías.

8 de marzo

Nos dijeron: ¡Tomad vuestras alas!
Y nos sacaron de la jaula.
Pero aún somos aves rapaces
atadas con cuerda
a un mástil de plata.

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Añoranza Inconclusa I

Ya te estoy echando de menos

y aún no te has ido;

sólo noto el frío de tu ausencia,

un hueco en blanco en el escenario,

el vacío de tu voz en el aire,

el nihilismo de tu mirada en un retrato,

la falta de tu nombre en el papel.

Y, de todo, lo que más me duele,

es tu no ser parte de mi vida,

esa huida a lo cobarde

de la última oportunidad, la mía,

para dar lo que te debo:

media vida, una sonrisa,

y un alma eterna que te espera,

otra vez.

De inesperados

Dame tu alma,

recuerda mi cuerpo

en un campo de amapolas

soleado al nacer.

Todo tiene sentido

ahora que te veo.

 

Locura me provocas,

lo siempre menos pensado

en el ocaso del mundo.