LOS PERROS QUE GUARDABAN LA ESCALERA A NINGUNA PARTE

 

A los pies de una escalera

había tumbados dos perros;

uno, un mastín,

el otro, un podenco.

Naranjas los ojos,

naranjas los pelos.

A los pies de una escalera,

el mastín y el podenco

guardaban los escalones

que miraban al cielo.

Tumbados como esfinges,

naranjas los ojos,

naranjas los pelos,

el mastín y el podenco

con una escalera en medio.

Emboscada

Huía entre los árboles, en una carrera desesperada, perseguida por sus sueños, sus anhelos, sus deseos.

Cuando llegó al claro, su destino la estaba esperando.

Si…

Si encontrar palabras de amor fuera sencillo,

si mis labios perdieran la fe en los tuyos

y todo lo que gira a mi alrededor no ardiera,

o los pájaros dejaran su canto a la mañana.

Si la niebla fuera luz en vez de sombra

y se marchitaran las algas en el mar.

Si las almas se parasen en un punto,

si detuvieran su camino los segundos

y la tierra acabase hoy con su danza.

Si al mirarte no sintiera una punzada

que viniera a doler más que el corazón,

y al llorar fuera una lagrima equivocada

y la risa fuera cara del dolor.

Si tus ojos no mirasen a mis manos

y el cobijo de mi pecho fuera incierto;

si el incienso nunca oliera sino lejos

y las palabras se rompieran al hablar,

mis sueños no seguirían a tus ojos

y yo no vendería mi boca en cada beso.

EL PERRO POETA

Veintiséis días de paz y dos noches sin pegar ojo.

Lo sé, no debería quejarme.

Soy la insomne propietaria de un perro poeta que solo ladra para ofrecer recitales en verso a la luna llena.

DE NO MERECER

No merezco tu boca de miel

sobre mi boca,

ni tus suaves dedos corriendo

como hormigas por mis labios,

ni tu aliento triste

sobre mi cuello de ganso;

ni tu mirada de lava.

ALBA

No me esperes levantado

que ese correr melifluo

de tus palabras por mis costillas

me aturulla.

Que es tu silencio ciego

el que me ahoga las caderas

dando a luz ausencias de luna.

 

Sigue recostado

con tu cara de ángel desheredado,

con el brillo de tus ojos velados

y, así, puede que aprenda a verme,

no en el espejo de tu mirada,

sino en tu boca.