ALBA

No me esperes levantado

que ese correr melifluo

de tus palabras por mis costillas

me aturulla.

Que es tu silencio ciego

el que me ahoga las caderas

dando a luz ausencias de luna.

 

Sigue recostado

con tu cara de ángel desheredado,

con el brillo de tus ojos velados

y, así, puede que aprenda a verme,

no en el espejo de tu mirada,

sino en tu boca.

EN LAS AFUERAS

Hace tiempo que no traigo, y tú llevas tres candelas.

Atraviesas esos lares de ciénagas en penumbra

y no sé si todos los fangos y las ranas cantarinas

saben de tu presencia

Anoche estuve rondando por las puertas del Infierno

y no me abrían;

probé en las del Cielo y me quedé en el quicio,

sentada fuera de mí,

fuera de ella.

Y, a lo largo del camino, la sola luz de tus tres candelas.

DE PROMESAS Y AMENAZAS

¿Y si te dijera que ya no quiero verte?

¿Qué harías?

A veces siento que mi corazón y mi alma

son de mundos diferentes

y tengo ganas de romperlos

a ambos, los dos.

¿Y si hoy dijeras que ya no quieres verme?

¿Qué haría?

Seguramente, romperlos

a ambos, los dos,

e intentaría ser feliz con otros comprados,

vendiendo los míos

al mejor postor.