Fotografía: Mónica Riveiro

Por cosas de la vida, Mónica y yo nos conocimos en un concierto. Quizá no es el sitio más esperable para que coincidan una fotógrafa y una escritora, pero supongo que tampoco resulta tan extraño.

Gracias a las fotos de aquel día, pude descubrir su trabajo y me enamoró al instante.

Tiene una espontaneidad que traspasa el blanco y negro de la mayoría de sus fotografías. Mónica no retrata momentos, retrata emociones, la vida misma; y a veces su propia vida, su propia percepción de su persona en un reflejo, casi siempre con la cámara como barrera, pero de forma íntima, sensible. Esta gijonesa nos descubre un trocito de cada sitio que pisa, de cada cosa que ve y nos deja formar parte de su forma de ver el mundo, que se vuelve un poco más bonito a través de su objetivo.

Os recomiendo que os deis un paseo por su web y su Instagram. Merece la pena.

BAJO JURAMENTO

—Su testigo, letrado.

—Bien, señora Hupskin, díganos qué sucedió la noche de autos.

—Era una noche templada, inusual para finales de marzo. Ninguna nube empañaba el brillo de las estrellas que iluminaba mi camino. Yo me disponía, como es mi costumbre, a recogerme tras la tertulia que, jueves sí, jueves también, congrega a varios escritores en el bar de Tolo. Un gato negro se cruzó justo en la entrada del jardín de la urbanización, me miró con sus ojos amarillos y se esfumó entre los setos.

—No edulcore su relato y cíñase a los hechos, por favor. ¿Encontró o no encontró usted el cadáver de la señorita Jones?

—Que me ciña a los hechos, dice; que no edulcore mi relato. Oiga usted, letrado, yo soy escritora. No edulcoro los acontecimientos, los planteo de la mejor forma posible,y, que digan los señores del jurado si no les ha gustado más mi manera de contar lo ocurrido que un simple: “Volvía yo a mi casa la noche del jueves y me encontré a la señorita Jones despatarrada en el descansillo con un cuchillo clavado en el pecho”.