LAS RUINAS DE NUESTROS SUEÑOS

Las ruinas de nuestros sueños esparcidos por el suelo, constantes vestigios de las batallas campales que adornaron nuestros cuerpos; las cuerdas rotas de las guitarras, las esquirlas de madera y las clavijas que hirieron nuestras retinas tan hondo que apenas nos reconocimos al mirarnos.

Las botellas amontonadas, el despertador hecho añicos a los pies de la cama.

Los vasos, las tazas, los platos, clavados en las plantas de nuestros pies.

Todo hecho desgarro y pasión, tan cegados por el deseo de tenernos que no pasamos las hojas del calendario.

Una vorágine de partituras y relatos esparcidos por los muebles.

Todo lo que me inspirabas.

Todo lo que te hacía sentir.

Perdimos la noción del mundo más allá de la puerta de entrada; más allá de las ventanas.

Los amaneceres transformados en gemidos, los ocasos en marcas de uñas sobre la piel.

Cualquier pradera nos servía para hacer la guerra.

Olvidaste tu nombre, olvidé mis obligaciones.

Y, al final, nos olvidamos de los dos.

DE NÉMESIS

Vivía en almohadas de plumas; gustaba de acunar niños y devolver la ilusión a los adultos; pero era tan frágil, que cualquier ruido lograba inquietarlo hasta dejarlo inerme sobre las sábanas.

Como cualquier héroe, Sueño tenía archienemigos llamados Despertador y Baño de Realidad.

DE CARAS OCULTAS

 

Tienen mis sueños esta noche un velo de lluvia que se refleja en la cara oculta de la luna; se me desperdigan las ovejas que cuento y hasta los lobos ignoran que mi insomnio es culpa de un salmón.