Arrieritos somos…
La convención anual de arrieros se celebró en Roma tras muchas deliberaciones.
Era lo lógico, pues todos los camino conducían allí.
Microliteraturas en menos de 300 palabras
La convención anual de arrieros se celebró en Roma tras muchas deliberaciones.
Era lo lógico, pues todos los camino conducían allí.
Al emperador le habían invitado a la boda del hijo del rey de la Cochimbamba. Sus consejeros le habían pasado un dossier con las normas de etiqueta por aquellos lares, pero él, que se lo había visto a George Clooney en una revista, prefirió un traje de Armani.
—Las niñas buenas van al cielo, hija.
La reprendió con dulzura la monja cuando la pilló escabulléndose por la puerta trasera del patio escolar.
—Puede, pero es que yo solo quiero ir a por chuches al kiosko de la esquina.
Se sentía como una niña entre los “knit-knit” de las agujas de punto y los “sew-sew” de la máquina de coser; hasta el “croch-croch” del ganchillo sonaba diferente cuando practicaba inglés.
Llegaron de la Biblioteca Municipal haciendo una encuesta.
—Buenos días, ¿hay algún lector en este domicilio?
—En esta casa lee hasta el perro, bajo pena de muerte.
Miraban con desconfianza hacia la luz que se colaba por la rendija de la puerta de la cabaña frente al redil. Al final salió uno de los hombres, enganchó al cordero de la más vieja y se lo llevó a la parte de atrás.
Un chillido rompió la noche y luego el silencio.
Pasadas unas horas, el alboroto de los congregados dentro de la choza llenó la oscuridad mientras fuera, en el corral, sus compañeras consolaban a la oveja.
La primera habitación que le ofrecieron en el hotel “Los Tres Ositos”, no tenía vistas al mar, y la segunda estaba demasiado cerca del ascensor.
Conforme con la tercera, en la última planta del hotel, Ricitos de Oro bajó a cenar. Encontró la sopa de fideos escasa de caldo, y el gazpacho sobrado de ajo, pero el filete de pollo a la Villeroi le encantó. Y dejó constancia de todo ello en diversas páginas web.
Una vez cada cuatro años, engullía sin descanso las ofrendas que le hacían. Tal era el empacho que, al final del día, se veía obligada a vomitar todo lo ingerido, mientras un equipo de forenses analizaba el contenido de su estómago.
El lobo Fenrir rompió sus cadenas invisibles e intentó tragarse el sol; la niña vikinga lamentó durante mucho tiempo que el fin del mundo hubiera comenzado mientras ella iba a casa de su abuelita para llevarle sopa en una cestita.
La versión más corta de este relato recibió mención como uno de los ganadores del reto #HBreves Trilogía Música: Tema Apocalíptico.
Pues aquí está mi propuesta para el reto 5 líneas de Adella Brac. Las palabras para mayo eran: pintura, poemas y temor.
Después de recibir cumplido informe sobre la situación económica de la institución, e instigados por el temor a la bancarrota, los dirigentes del museo consintieron en que la sala “Dick Van Dyke”, consagrada hasta entonces a la pintura flamenca del siglo XVI, fuera transformada en una exposición permanente de poemas japoneses escritos en rollos de papel higiénico y rebautizada como “Haikus Ketekagas”.