Elementos

Cuando se enfadaba, todo su cuerpo parecía hecho de fuego. Era una sensación potente y extraña, tan intensa, que a veces creía que no podría controlarlo; como si, de repente, las yemas de sus dedos fueran a incendiarse, y sus ojos verdes pudieran tornarse oscuros, convertidos en rescoldos de carbón recién retirado de una hoguera.

Pasó mucho tiempo tratando de encontrar el agua con que sofocar aquello, pero terminó por descubrir que, si bien el aire sólo lograba incrementar su ira, hundir los pies en la tierra era el remedio para su mal; como si echar raíces fuera la única cura milagrosa.

Puntos cardinales

Si perdía el norte, podía tardar días en encontrarlo de nuevo; sin saber por qué, su brújula siempre marcaba el oeste, burlándose de ella, tratando de confundirla en medio del bosque de sus pensamientos.

Ni el musgo que podía crecer en los árboles indicaba el punto que buscaba, así se reían sus guías de ella; y no se irritaba, podía ser que el oeste fuera su nuevo norte, que los campos electromagnéticos de su mundo hubieran cambiado sutilmente hasta trastocar la ubicación de las cosas, y el imán de su indicador esférico no se diera por aludido.

El sonido del agua brotando de entre unas rocas la atrajo con fuerza, pero aquello caía al sur, dijera lo que dijera su brújula.

Rozó con ternura la empuñadura de su espada de madera y el suave cuero del carcaj que cargaba a la espalda le acarició el codo, sobresaltándola. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir?

Posó su mirada en la roca cubierta de liquen que interrumpía la claridad del sendero hacia el nacimiento del río, decidió que no había mejor camino que el que no existía aún y comenzó a trazarlo con sus pisadas.

Trepó, no sin dificultad, a lo alto de la atalaya natural y el mundo que la rodeaba tomó una nueva dimensión. Ahora ya podía ver por encima de las copas de los árboles, dejando ante sus ojos un lecho infinito de hojas verdes.

Se tomó un momento para descansar y observar desde su nueva ubicación. Allí era inalcanzable, se sentía poderosa e invencible; ni la expectativa de encontrar su destino podía empañar aquel instante, y aprovechó para imbuirse de aquella sensación, tratando de acumularla en su interior para usarla cuando llegara el momento.

Antes de bajar por la otra cara de la roca, consultó de nuevo su brújula; definitivamente se había vuelto loca, pues ahora indicaba algún punto entre su ombligo y su corazón, cuando ella sabía con exactitud que, cualquier norte que pudiera existir, estaría más bien hacia el otro lado.

TESTAMENTO

Yo te regalo, oh, amor imposible,
un trocito de mi mundo
encerrado en círculo de piedra,
y a ti, amor innecesario,
mi presencia y comprensión.
A ti, amor lejano,
te doy mis sueños;
y finalmente a ti,
sí, a ti, amor eterno
te regalo mi vida en cofre de oro.

LA MALDICIÓN

Texto presentado para el Taller de Literautas.

La única premisa era que su título fuera «La maldición», además se añadía el reto de escribirlo sin una sola «t» y yo tiré de experimento y, por qué no decirlo, un poco de mala idea.


Acongojado, más bien vencido,

se hallaba el gallo en un rincón.

El día había pasado

cumpliendo con su función

y ahora ya no podía

ni decir “cocoricó”.

Incluso el pico le dolía,

ya no hablemos del espolón.

Y su cola, ayer colorida,

había perdido el fulgor.

Por cansado que se viera,

no habría descanso, no.

Cerró los ojos y ,en sueños,

claro el recuerdo acudió

del aviso que le diera

el gallo al que sucedió:

«Ve con cuidado, mi amigo,

que aquí hay una maldición;

pues, para un solo gallo,

demasiadas gallinas son.»

Osado

Tú, que te atreviste a mirarme a los ojos

aquella noche desde la sombra.

¿Cómo ahora reclamas lealtad?

Tú, que viniste a trastornar mi vida

volviendo a mis sueños cada noche.

¿Y ahora me pides que crea?

Tú, que llegaste en carne en hueso

a través de aquella fotografía.

¿Vienes y ruegas que espere?

Tú, que hechizaste mi alma

con dos notas de una canción.

¿Exiges que ahora tenga fe?

Y yo, que sólo te pedí que volvieras,

¿por qué me creí sin derecho?

Knitting & Sewing

Se sentía como una niña entre los “knit-knit” de las agujas de punto y los “sew-sew” de la máquina de coser; hasta el “croch-croch” del ganchillo sonaba diferente cuando practicaba inglés.

De errar

De todos mis resbalones por la vida,

mi favorito,

el que me hizo caer en tus brazos.

De todas las piedras en mi camino,

de los levantarme cual cierva herida;

de mis tropiezos por las escaleras,

de los errores cometidos,

mi preferido,

siempre tú.