I MISS THE RAIN

Poema incluido en el libro ilustrado por Elena Gromaz “Haremos que llueva”

 

Echo de menos la lluvia

y mis botas de agua haciendo “choff” en los charcos;

el reflejo de las luces de los coches

sobre el pavimento mojado;

el olor a fresco,

el sonido del agua en las ventanas dejando los cristales manchados.

Echo de menos la lluvia y mi vestido con leotardos;

las prisas,

los paraguas que pueblan como setas el acerado;

las abuelas que se tapan con bolsas de supermercado.

Echo de menos la lluvia, y el otoño,

que, después de tanto tiempo, creo que siempre fue verano.

Echo de menos la lluvia,

y mi taza de té del salmón desdichado,

y a Sting, a Carlos Núñez, a los Chieftains y el letargo.

Echo de menos la lluvia,

aunque esta mañana me he mojado.

ME LO DIJO EL DIENTE DE LEÓN

Me lo dijo el diente de león,

entre los remolinos de un amanecer de mayo,

que todavía me dejabas aparecer en tus sueños

y que, cuando despertabas,

el corazón te latía al ritmo de una manada de caballos desbocados;

que buscabas mi nombre entre los ojos de otras,

que acariciabas las olas como si fueran mi piel

y que, después de tres noches,

volvías a olvidarme,

como si nunca hubiera sido parte de tu vida,

como si mis huellas se hubieran borrado

con la subida de la última marea.

ALBA

No me esperes levantado

que ese correr melifluo

de tus palabras por mis costillas

me aturulla.

Que es tu silencio ciego

el que me ahoga las caderas

dando a luz ausencias de luna.

 

Sigue recostado

con tu cara de ángel desheredado,

con el brillo de tus ojos velados

y, así, puede que aprenda a verme,

no en el espejo de tu mirada,

sino en tu boca.

EN LAS AFUERAS

Hace tiempo que no traigo, y tú llevas tres candelas.

Atraviesas esos lares de ciénagas en penumbra

y no sé si todos los fangos y las ranas cantarinas

saben de tu presencia

Anoche estuve rondando por las puertas del Infierno

y no me abrían;

probé en las del Cielo y me quedé en el quicio,

sentada fuera de mí,

fuera de ella.

Y, a lo largo del camino, la sola luz de tus tres candelas.

ESCALA DE GRISES

¿No sabes

que esa no es tu sombra?

—Me dijo —

¿No ves cómo dibuja peces rubicundos

en vez de melancolías rotas?

¿Cómo destila olor a hierba recién segada?

Lo sé.

—Le dije con un nudo en la garganta. —

Que la mía solo es gris;

nada del azul de los reflejos,

nada de plata.

Solo una triste sombra

de una mujer que no es nada.

A MÍ

A mí,

que las lunas no me alcanzan

para besarte los párpados.

A mí,

que se me hielan las plantas de los pies

mientras te busco.

A mí,

que se me desgarran los quejidos

de gritar tu nombre.

A mí,

no me queda nada más que tú.

DE LEVANTARSE

Levantarme

de las hostias contra el asfalto

de los altos y los bajos.

Alzar la vista

soltar las manos;

romper el silencio

con canciones del verano

y gritar,

gritar muy alto

porque duele,

porque sí,

porque me lo he ganado;

por mis rodillas raspadas

y los chinarros clavados en mis manos.

Porque decirte “adiós”

no fue tan duro

si no fuera por ese fantasma

que dejó tu abrazo.

Regalo anticipado

Antes del inicio de esta semana de aniversario, Pata de elefanta nos obsequió con una coplilla que nos puso las escamas de punta por lo bonita.

Queremos compartirla con todos los amigos del salmón.

Dice así:

Qué dicha ser ducho
especialista en pelus de chuchos
Qué dicha ser ducho
oficial de primera en serruchos
Qué dicha ser ducho
pirotécnico prendiendo cartuchos
Qué dicha ser ducho
salmón y no falso trucho.

Para los dos, de Pata (a lo “Fuertes”)