Caperucita

Al principio se asustó, los colmillos eran terribles y brillaban como sables a la luz del poco sol que entraba por los frondosos árboles, pero aquel animal la miraba con los mismos ojos que el mastín que guardaba su casa cuando quería que le echara las sobras.
Sin miedo alguno, sacó de la cesta parte del contenido y lo dejó en el suelo antes de seguir su camino.
Pronto llegó a la vieja choza desvencijada en el claro del bosque y entró pergeñando todavía una historia que le evitara la regañina.
—Abuelita, ¿sabes qué?
La anciana la miró expectante.
—Encontré un lobo en el camino.
—Ay, hija, ¿estás bien?
—Sí, pero le tuve que dar tu pollo para que no me comiera.

12 pensamientos en “Caperucita

  1. Buena variación del clásico. El lobo, el zorro, todos esos animales que siempre han sido los malos del cuento son símbolos de un significado humano muy hondo, ahí su grandeza. Hace un tiempo escribí un relato donde la premisa era que un lobo, un cuervo y una serpiente se rebelaban contra ese rol de malo. Un abrazo

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