EN LA OSCURIDAD

Texto a partir del inicio del relato homónimo de Chéjov.

“Una mosca de mediano tamaño se metió en la nariz del consejero suplente Gauguin. Aunque se hubiera metido allí por curiosidad, lo cierto es que la nariz no toleró la presencia de un cuerpo extraño y dio muestras de estornudar.”

No podía haber escogido momento más inoportuno para su intrusión; en ese instante, el consejero suplente estaba reunido con el intendente mayor, un hombre corpulento y soberbio que miraba a todo con cara de asco y vestía un pulcro traje de lana azul. Los años como inspector jefe le habían otorgado el pensamiento de que su sola presencia debía ser suficiente para comportarse con dignidad y respeto y que nada podía interrumpir su discurso. Si añadimos que la reunión tenía carácter urgente y que el consejero suplente ejercía dicha suplencia por primera vez, la situación se estaba tornando dramática.

―Comprenderá que necesitamos la colaboración de todos los efectivos posibles― siguió el intendente ignorando las muecas de su interlocutor.

Gauguin asentía y se concentraba en mantener a la intrusa lo más lejos posible del fondo de su nariz. Temía que, de sus fosas nasales, pasara a su garganta y, por allí, hasta el estómago. Barajó la posibilidad de usar el pañuelo que sobresalía del bolsillo de su chaqueta, pero recordó con pesar que estaba viejo y amarillento y no era apropiado para su ilustre acompañante.

―Cuento con que firmará rápidamente los permisos y podré resolver la situación.

Gauguin asintió de nuevo, agobiado por la inactividad de la mosca y la sensación de tapón en la fosa nasal derecha. Esto le preocupó aún más, pues bien podía ser que la calma se debiera a la puesta de unos huevos para los que sus mucosidades serían la cuna perfecta.

―Es usted mucho más razonable que el titular de esta consejería, señor Gauguin― seguía diciendo el intendente con tono meloso mientras le acercaba una serie de hojas y una estilográfica del mismo color que su traje.

Y en ese momento, la mosca se movió, descendió por la garganta de Gauguin y se puso a revolotear alrededor de su campanilla.


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