ALTER EGO

Abrió el armario buscando un “YO” con el que sentirse a gusto.

Empezó probándose rincones escondidos de su propio nombre, apellidos perdidos en el tiempo y losas viejas, pero no le convencían. Entonces sacó letras simples de un cajón.

“Todo está hecho de letras” se dijo, y trató de combinarlas con los apellidos que yacían sobre la cama.

“Complementos, los complementos hacen un atuendo”, así que se probó guiones y puntos, pero ni aún así.

Decidió intentar otras cosas, y se vistió con pueblos, sin resultado.

Llamó a sus padres, y le sugirieron una torre, un castillo y un río.

Se lo probó todo sin lograr una idea concreta, sin que nada la convenciera del todo; aunque pudo guardar en el armario algunas cosas que no le venían bien.

Por probar se probó nombres de abuela, árboles; palabras traídas de más allá del mar, en el norte; otra vez el río, provincias… y vuelta a los apellidos.

Su tía le dijo que su “yo” era perfecto tal como estaba y que no sabía por qué tenía que ponerse otro para salir. Y eso le hizo dudar otro poco.

Colgó en el galán de noche sus mejores opciones y confió en que la almohada le diera su opinión neutral y siempre sabia.

Cuando se levantó por la mañana, se sintió más ella que nunca. Se miró al espejo y se vio tangible, serena, un “ELLA” que le quedaba como un guante.

El reflejo le devolvió el saludo y la sonrisa, y las dos salieron a su rutina, hoy un poco menos rutina porque eran dos.

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