La pequeña milesia

A mi pequeña milesia un día le salieron alas con las que cruzar el charco, y se angustiaba pensando en qué encontraría al otro lado. De repente, tras toda la vida soñando con volar, le asustaba perder el contacto con el suelo.

Logró recordar que, llegado su momento, a todos los milesios les salían alas, y decidió entonces ir pisando sobre sus huellas invisibles, siendo más que nunca sus raíces, prestas a cumplir con un destino escrito a medias.

Mi pequeña milesia estiró sus alas tanto como pudo, las batió una vez, dos; es difícil volar cuando nunca lo has hecho. Se elevó un poco sobre el suelo, y dejó que el viento se colara entre las plumas y el sol brillara en su cara. Miró hacia lo lejos, al otro lado del océano, las alas siempre estiradas.

Pensó en que todo pájaro termina por posarse en tierra firme, y su mutación ya no le pareció tan terrible.


 

A mi pequeña Aída, allende el mar.

LECTORA

No conciliaba el sueño sin haber leído antes; igual daba que fueran dos líneas que sabía que tendría que releer a la noche siguiente.
Leía para dormirse, y a veces el libro se cerraba mientras ella seguía la historia a su manera, en un duermevela extraño que le impedía después encontrar aquel segmento soñado entre las palabras del texto real.
En el fondo, aquel ratito antes de dejar que el subconsciente fuera dueño y señor de su vida por unas horas, necesitaba sentir el abrazo de una buena historia; un reflejo indeleble de los días en que le contaban un cuento antes de dormir.

Silbidos

Le fascinaba la gente que, silbando, era capaz de imitar el trino de los pájaros, cuando todos sus intentos se quedaban en el ruido del viento colándose por las rendijas de una ventana; pero decidió que el sonido del viento también tenía su encanto.

Derrota

Resultaba de lo más frustrante; lo había intentado todo: con las manos, dándole golpes, hasta con un cuchillo; y nada, sin resultado.
Miró con odio a su antagonista y se dio por vencida.
-¡Mamá! ¿Me abres el bote de aceitunas?

La osa

Normalmente todo en ella era cándido y tierno como una osa en hibernación, pero a veces aquella osa despertaba de su letargo y se convertía en algo salvaje buscando sobrevivir.