Chivato

Qué molesto el sol por las rendijas de tu ventana, que se empeña en iluminarme para que me veas cuando acuda a robarte un beso, y así, puedas decir que soy yo en la rueda de reconocimiento.

Rapunzel

No se trataba de un cuento de príncipes y princesas, de hadas madrinas y dragones carceleros; se trataba, simplemente, de la magia de sus ojos castaños y la torre prisionera de su sonrisa.

Descolgado

Pendía de su cable como el signo que abre una interrogación, hasta que un alma caritativa lo cogió con dulzura y, al ver que nadie respondía al otro lado, colgó.

De lecciones

Del sol aprendió el rolar de los vientos, el cambio de las estaciones en los árboles; de la luna, decía, no aprendió nada salvo el brillo perenne de unos ojos enamorados.

Yo de mayor quiero ser…

—Mamá, hoy en el cole hemos dado Laponia y yo de mayor quiero ser sami.

— ¿Y eso, hija?

—Porque las niñas sami hablan cuatro idiomas.

—Eso está muy bien, aunque no hace falta ser sami para hablar tantos idiomas.

—Lo sé. Pero es que, además, saben cazar renos.

 

 

Apocalipsis

A las 3 de la madrugada escuchó el sonido inconfundible de trompetas y cascos de caballos que se acercaban al galope calle arriba. Se asomó a la ventana y vio venir cuatro jinetes, a cual más horrendo y terrorífico.

—¡¿Os parecen horas?!— gritó, harto ya de que, por unas cosas u otras, nadie le dejara dormir a gusto.

Peste, Guerra, Hambre y Victoria volvieron grupas y huyeron por donde habían venido.

DE HABITÁCULOS INMUNDOS

Le escocían los ojos, hartos ya de la luz mortecina de los fluorescentes y el ambiente cargado de una estancia que parecía hecha dentro de una pirámide, en la que apenas dos veces al año, por un agujerito, entraba el sol.

Dio el último sorbo a su taza de té y estiró los brazos.

A través de la ventana veía el danzar de nubes oscuras a favor de un viento desesperado por barrer el mundo.

Apagó la pantalla del ordenador, cogió su chaqueta del respaldo de la silla y salió a la calle, a que le diera el otoño.