Defensa propia

El cadáver fue encontrado por unos excursionistas en las inmediaciones del río.

Preguntados los osos, principales sospechosos del asesinato debido a las evidencias de zarpazos en el cuerpo, arguyeron que el hombre predicaba desde la ribera que la unión hacía la fuerza y que, como consecuencia de sus arengas, los salmones se habían organizado en patrullas que hacían imposible pescar uno. Presentaron, además, partes de lesiones firmados por los más reputados biólogos y veterinarios de Yellowstone, y demandaron a los peces por agresión.

Preguntados los salmones, siguientes sospechosos debido a unas pequeñas mordeduras en la mitad inferior de las piernas del finado que reveló la autopsia, dijeron carecer de móvil para el crimen, pues estaban en deuda con el hombre por sus enseñanzas. Y aportaron declaraciones de testigos fiables sobre el acoso que recibían, año sí, año también, por parte de los osos.

Ante la falta de pruebas concluyentes y la dificultad para celebrar el juicio garantizando la supervivencia de los salmones, terminó por sobreseerse el caso.

Los grizzlies volvieron a su bosque, los salmones a sus lugares de nacimiento, los restos mortales del hombre fueron incinerados y nadie volvió a hablar del tema.

Años después, un documental emitido por National Geographic, mostraba, con inquietantes imágenes, la huída del cámara y el presentador perseguidos sin piedad por los osos y los salmones hasta ser expulsados del Parque Nacional.

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