Fairy Tales

Dejó el pequeño cuenco con agua cerca de la ventana; le gustaban los días de primavera en que todo brotaba en verde, morado, blanco y azul.

Su madre la había enseñado bien; había que tener a los seres mágicos contentos, sobre todo si uno quería que le ayudaran a encontrar cosas perdidas o, mejor dicho, que no le perdieran las cosas.

Decidió dar un paso más e incluyó en su ofrenda un pastelito de chocolate recién horneado, sus favoritos.

Estaba segura de que a las hadas les encantaría, con su crujiente primer mordisco; pero se cuidó mucho de desmenuzarlo para que ellas pudieran transportarlo.

A veces las imaginaba como pequeñas hormiguitas, recogiendo cada pedacito para llevarlo a su escondite y regresando luego a por más hasta que de su regalo no quedara ni una migaja.

Desde bien pequeña había creído en ellas, ¿cómo no iba a hacerlo si por la noche veía sus rápidos destellos a través del ventanuco de su habitación?

Eran unas hadas de campo encantadoras, aunque ella sabía que también existían en los bosques y los arroyos; hasta en las bibliotecas, donde ayudaban a los lectores a escoger su próxima aventura con un sutil brillo sobre el lomo encuadernado.

Y luego estaba el hada de los dientes, aquella debía ser una más grande de lo normal; un diente pesaba mucho, ya no digamos una muela, y ella sola tenía que acarrearlo hasta su casa sin ser vista ni hacer ruido.

El único tipo de hada en el que no creía era en las madrinas. Estaba totalmente en contra de la idea de que uno de aquellos seres fuera, de un modo u otro, esclavo de un humano por muchas princesas que salvaran, y por eso se negaba a leer cuentos en los que participaban, así como hacía ya mucho tiempo había dejado de leer cuentos en los que el lobo solo aparecía para comerse a los protagonistas y terminar muerto.

Se erigió en activista en contra de su extinción. Como los señores que salían en los informativos defendiendo a las ballenas y los osos polares, ella pensaba hacer todo lo posible por que ningún hada muriera por falta de imaginación.

Seguramente fue eso lo que la impulsó a llevar cada día el pequeño cuenco fuera de la casa; un cuenco que aparecía vacío al día siguiente, salvo por la pequeña flor de margarita que sus protegidas habían depositado en señal de agradecimiento.

9 pensamientos en “Fairy Tales

  1. Mis hadas son unas borrachas hijas de perra que no solo me esconden las cosas sino que me roban los euros de la cartera para irse a la cantina más cercana, luego no contentas se les da por jugar a las peluqueras con los animales de la granja y para rematar sus pedos son enormemente escandalosos, vamos que te las regalo cuando quieras….. un abrazo

    Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Fairy Tales | Espacio de Arpon Files

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s